Viva las Playas: explorando la costa al suroeste de Guayaquil

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Cuando decidimos enfocarnos en el río Guayas para esta edición sobre Guayaquil, inevitablemente nos vimos obligados a seguir su curso al mar. Es por ello que nuestra ruta nos llevará a las playas más cercanas (a una hora, en auto, de la ciudad) y todo lo que vale la pena explorar en el trayecto.

La ruta hacia el oeste, a la playa más cercana de Guayaquil, conocida genéricamente como Playas, u oficialmente como General Villamil, (o incluso como una combinación de ambas: Playas de Villamil y/o Villamil Playas), empieza en la llamada “Vía a la Costa”. Esta carretera nos lleva fuera de los límites urbanos, pasando por varios condominios como el masivo Puerto Azul (una de las tantas ‘ciudadelas’ guayaquileñas) y los fascinantes Cerro Blanco y Puerto Hondo, antes de llegar al peaje.

Justo antes de éste, a la izquierda, llegamos a uno de los primeros pueblos rurales, Chongón. La emblemática Cordillera Chongón-Colonche, llena de sorprendente biodiversidad y belleza natural, bordea la costa sur y central del país. Un aspecto interesante que ha salido a flote en los últimos tiempos es la existencia de «albarradas», un fascinante sistema de gestión de agua precolombino que data de más o menos 4000 años. Chongón ofrece visitas a sus esteros donde existe una de estas misteriosas formaciones.

Conozca el Parque el Lago, embalse que le dio vida a la Península.

El primer punto de interés en la ruta, pasando el peaje, a la derecha, es Parque El Lago. Se trata del cuerpo de agua dulce más impresionante de la región, un embalse que se abre a cierta distancia de los parqueos y mirador. La selva tropical se refleja contra un pantanal de proporciones gigantescas que invitan a la exploración. Navegación en kayak y a vela son actividades comunes sobre el lago.

Más adelante, pasamos por varios pueblos pequeños como El Consuelo y Cerecita; incluso, se verán avestruces correteando en sus corrales al recodo del camino… (en la zona la carne de avestruz se ha vuelto popular). Para llegar a Playas, uno toma el desvío a la derecha (siguiendo recto conduce a Salinas y Santa Elena), a la altura de Progreso (Juan Gómez Rendón), lo cual es precedido por la serie de casetas de cemento de Palo Prieto (lo que antes eran más pintorescas, de bambú y madera) que venden comida popular y frutas insignes del trópico, incluyendo mamey, varios tipos de mangos, pitahayas, plátanos verdes y maduros.  Una vez en la vía a Playas, hay pocos puntos de referencia, salvo el pueblito de San Antonio y granjas camaroneras en la distancia; lo más interesante aquí son los bosques de guayacán, a la derecha de la carretera, magníficos cuando florecen (en diciembre y enero) llenando el paisaje de amarillo.

Playas ciudad

La temporada de playa coincide con el verano austral (entre enero y abril), lo cual atrae a la muchedumbre a este recinto playero. En temporada, parecería que Guayaquil entera estuviese procurando acaparar hasta el último resquicio de arena disponible. La playa de Playas es además (para algunos, orgullosamente) una de los únicos lugares donde todavía se puede ingresar los autos hasta la orilla misma del mar.

En la noche, el ambiente cambia y el llamado “parque infantil” se vuelve simpático, con carros chocones, canchas y su pista “skater”, cuyo graderío de cemento se abarrota de espectadores (incluyendo familias enteras), muchos esperando a Jonathan Camacho, el “joven maravilla” del BMX de Playas, un talentoso muchacho cuyo sueño es recorrer el mundo bajo patrocinio de una de las grandes marcas del deporte.

La comida es generalmente muy buena, (empanadas chilenas y arroz con menestra sobre la Calle Jaime Roldós, frente al parque) pero debemos destacar a Juan Ostras (en el barrio La Viradita), un clásico mesón marisquero manejado por Juan Reyes, buzo desde los 13 años, cuyas recetas y especialidades de mar son toda una leyenda en la zona. Sus hijos han abierto el también popular «La Ostra Que Fuma».

Paraíso del surf: La Posada, Pelado, Engabao

Las mejores olas (y playa) de Playas están ubicadas al extremo norte, pero el condominio/complejo de Casa Blanca ha hecho difícil el acceso. Caminar a orillas del mar unos 2 km desde el pueblo, te lleva al sitio surf de La Posada, una de las mejores olas de Playas. Más cerca del pueblo, hay olas buenas con los nombres de «Las Tetas’ o ‘Olas Verdes’. Jimmy Zhañay estará feliz de darnos pistas de los mejores sitios y cuándo vale la pena ir.

El Pelado es la primera parada ya saliendo del pueblo (tomando el camino hacia Engabao; a unos cinco minutos se indica la entrada a la izquierda). A pesar de no haber viajado mucho, uno siente el alivio de dejar Playas. A la derecha, el terreno es rocoso, menos cómodo para la familia… a la izquierda (hacia el norte) hay mucho trecho de playa abierta para encontrar un lugar confortable. El point break aquí es considerado uno de los más provechosos de Ecuador.

Diez minutos en carro nos llevan a Engabao, un pueblito humilde en el que prevalecen, inexplicablemente, los cerdos, deambulando en existencia casi perruna (un decir local es que hay más cerdos que personas). Pero este Engabao no es el reputado pueblito surfista que tanto ha llamado la atención últimamente. Ese sería Puerto Engabao (la distinción es muy importante), y se encuentra pocos minutos al norte.

Atardeceres para disfrutar a lo largo de la costa de Engabao.

Hay algo innatamente pintoresco de Puerto Engabao, con su farolito rojiblanco y su fascinante iglesia de bambú, ejemplo vivo del trópico y sus deliciosas playas. Varias casas (casas surf) han sido adecuadas para ofrecer alojamiento y comida para surfistas y visitantes en general. La punta principal de la playa se llena de aficionados del surf (todo nivel y edad); un maravilloso lugar para aprender a surfear, para entrenarse, para competir o sentarse en las rocas y observar este apasionante deporte desde muy de cerca, ya que el point break está a poca distancia. Se disfruta todo el día, pero especialmente al anochecer, la luz carmesí golpeando las espaldas de los surfistas que dirigen sus tablas a la orilla, donde descansan los coloridos barcos de los pescadores.

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