Viernes Santo en Quito

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Viernes Santo conmemora el camino de Jesús al Calvario, los azotes, la sentencia de muerte, la crucifixión y el deceso: la llamada Via Crucis y sus catorce estaciones. Dado que la semana entera es una alegoría del triunfo de la vida sobre la muerte (Jesús a fin de cuentas resucita), es un hecho curioso que sea este penoso momento bíblico el que reciba toda la atención de la comunidad religiosa y no el glorioso Domingo de Resurrección, que en Quito apenas se celebra. Viernes Santo también es el día en el que se come fanesca, pero esto también es inusual, ya que la tristísima muerte de Cristo debería ser honrada con ayunos y no con un plato tan voluminoso. En todo caso, el evento central del día de liturgias es la Procesión de Jesús del Gran Poder que parte desde el atrio de la Iglesia de San Francisco.

El Jueves Santo llega a su fin a las 22:00. El convento franciscano cierra sus puertas después de una jornada llena de actos litúrgicos (cuyo “plato principal” es la celebración del lavatorio de los pies, para conmemorar la última cena) y luego de visitar las siete iglesias de su elección, los fieles vuelven a casa a descansar y prepararse para el clímax de la Semana Santa en Quito: la procesión de ‘Jesús del Gran Poder’. Para Jaime Beltrán, sin embargo, es todo, menos la hora de irse.

En el momento en que cierran las pesadas puertas del convento, Jaime se dirige rápidamente al lugar donde yacen los tablones, construidos hace más de medio siglo. El tiempo es esencial. Tomará alrededor de 4 a 5 horas limpiar (con una aspiradora de agua) y montar las tres andas que llevan las imágenes de devoción de la Virgen, Jesús del Gran Poder y San Juan Bautista, lo que guía la fe de miles de personas. Jaime es el único que sabe cómo armarlas.

«He tratado de enseñar a los demás», dice, como disculpándose, «pero no es fácil… tienen que querer asumir esa responsabilidad». Washington Moreno –él da los atuendos de cucuruchos a los penitentes– asiente con la cabeza y en voz baja, añade que «nadie es tan devoto como Jaime a la hora de ensamblar las andas».

Las estaciones del Via Crucis

1   Jesús es condenado a muerte

2   Jesús carga la cruz

3   Jesús cae por primera vez

4   Jesús se encuentra con María

5   Simón el Cirineo ayuda a Jesús a cargar la cruz

6   Verónica enjuga el rostro de Jesús

7   Jesús cae una segunda vez

8   Jesús se encuentra con las mujeres de Jerusalem

9   Jesús cae una tercera vez

10   Jesús es despojado de sus vestiduras

11   Jesús es crucificado

12   Jesús muere en la cruz

13   Jesús es descendido y puesto en brazos de María

14   Jesús es sepultado

Washington Moreno ha estado entregando las mismas mil túnicas moradas, conos y máscaras desde los años 90. Tiene todo el año para cuidar que cada pieza esté limpia, sin desgarres, sin manchas, y para reemplazar cualquier prenda que no haya sido devuelta. “Esto es muy importante”, explica, “porque la gente se enoja si no les entregamos todo como tiene que ser”. Se coloca el cono de papel (o de plástico, los llamados ‘irrompibles’) dentro del largo bonete, se inserta una túnica doblada y una soga de fraile. A partir de las 8 de la mañana, comienza a entregarlas a cada cucurucho (otros 500 vendrán con su propio atuendo).

“Es una sensación hermosa. Les veo antes de que se vistan y se oculten el rostro para expresar su penitencia por el Señor. Tengo la oportunidad de ver su fe en los ojos. Porque todos vienen aquí para recuperar su fe, y yo les entrego algo que les hace muy felices”.

El ‘cucurucho’ es la figura central de la procesión, una presencia ominosa. Su silencio y anonimato definen su comportamiento… con el misterioso traje color morado, el característico cono en la cabeza, viendo todo a través de los dos agujeros alrededor de los ojos. Al parecer, la figura original se remonta a la Edad Media, cuando un sacerdote ordenaba -a alguien que merecía castigo- pararse de pie a las afueras de la iglesia para que día y noche todos lo miraran. Cubrirse el rostro pudo haber funcionado para aliviar de alguna manera la humillación, pero el efecto impresiona y sugiere, más bien, que los pecados cometidos son profundos. Actualmente, los cucuruchos son penitentes que procuran el anonimato con el fin de emular la humildad de Cristo; con ello evitan cualquier alarde de su arrepentimiento, (un alarde que sería, en sí mismo, digno de arrepentirse).

Hace unos seis años, las primeras mujeres cucuruchos empezaron a formar parte de la ceremonia. Eran mujeres que deseaban participar en la procesión, pero no como Verónicas, la contraparte femenina tradicional del cucurucho, que lleva su velo transparente sobre el rostro y personifica a la mujer bíblica que enjuga la cara de Jesús para aliviarlo en su tortuoso camino al Calvario. Quieren ser cucuruchos para poder recurrir a su anonimato durante la peregrinación.

Alrededor de las 10:30 AM, los cucuruchos atraviesan el llamado pasillo ‘de las Angustias’, un arco bajo que conecta el colegio San Andrés con los patios conventuales y, finalmente, con la iglesia. Se reúnen aquí, donde los agentes especiales del GOE velan ceremoniosamente las andas decoradas y las imágenes religiosas que sobre ellas descansan. A las 11:30, los cucuruchos y andas se llevan hasta el atrio, donde se reúne una multitud de estadio, que espera la Lectura de la Sentencia.

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