Vamos pa’l monte: viajes a caballo

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En el fondo del valle está el pueblo, un villorrio de chozas donde se acampará la noche: Guambaine. La vista no parece tener término, y no quiere revelar hasta dónde llega el horizonte, con su sucesión de colinas entre verdes y azules sobre el morado cielo y la naciente neblina… Los jinetes se impresionan. Detienen el paso de sus caballos para sentirse encima del mundo.

Gabriel Espinosa lidera todos los grupos. Lo ha hecho desde que empezó a organizarlos. Cuando le pregunto si alguna vez deja que otro lo reemplace, contesta que “no” … Esto es algo que define a Gabriel. Por eso, sus grupos los llama viajes a caballo, y dice: “eso no para nunca”. Un viaje, sin duda, no es un paseo, o lo que la mayoría tilda de cabalgata y termina siendo una vuelta por la parcela. Desde su operación en la hacienda La Alegría, Gabriel ha creado algo mucho más ambicioso: la excusa perfecta para hacer del Ecuador su cabalgata infinita. La que “no para nunca”.

Los Andes se extienden interminablemente… Por más que uno los recorra, hay siempre rincones sin explorar, pliegues en las montañas que uno deja para una siguiente expedición. Gabriel ya se cruzó a caballo el país entero, desde Carchi hasta Macará. “En Ecuador, uno puede llevar su caballo donde quiera. Si quiere atravesar de un extremo a otro, que lo haga, nadie lo va a parar. Es uno de los raros países donde esto es posible”. Combinado con poder descubrir no sólo una cordillera, sino dos — el ramal oriental y el occidental de los Andes — con un asombroso valle interandino que también cuenta con sus propios tesoros, Ecuador es uno en un millón dentro de los destinos de cabalgata mundiales. Estas cordilleras están, además, llenas de naturaleza, de poca concentración poblacional y dados los cambios extremos de elevación, la ecología es tan variada que la experiencia no deja de sorprender nunca. En un día de cabalgata, uno puede cruzar del frío páramo a cálidos bosques nublados… las emociones tampoco paran.

Uno de sus viajes que más lo apasionan es, desde luego, el más exigente… el que atraviesa los dos ramales y que denominó Andes Salvaje (Wild Andes). Son doce días de cabalgata, de los cuales diez pasan a caballo: 8 horas diarias (y a veces más) a caballo. Quienes se apuntan deben estar listos para una experiencia que será imposible de olvidar.

Guambaine espera al octavo día. Después de haber serpenteado por detrás de las carreteras, montañas y pueblos, subiendo el volcán Corazón, bajando al bosque nublado de Bombolí, retomando la vía a Sigchos y pasando al frente del cráter turquesa de Quilotoa, Guambaine es la primera noche de acampada del viaje. Para los pobladores de este minúsculo recinto, el pueblo más cercano está a más de tres horas. La noche uno la siente muy cercana, llena de estrellas. El día después, se pasa al páramo, ganando el Camino de Flores, uno de los muchos históricos proyectos de unir la costa con los Andes que son hoy tan pequeños en la memoria nacional que sirven de fantásticas rutas de exploración para los más aventureros. El día diez es el épico pasaje por entre los descollantes volcanes Carhuairazo y Chimborazo, una “partición” de las montañas que los caballos cruzan como heraldos de gloria. Todo termina al otro lado de los Andes, el lado oriental, donde se levanta el enfurecido Tungurahua sobre la pequeña población de Baños, humeando actividad volcánica desde hace ya 16 años.

La visión de Gabriel es la visión de quien lleva sus pasiones al límite. A caballo no se debe sino viajar. Un caballo no es un vehículo, es un intérprete. Un compañero, un guía, un asistente… un experto, que te puede llevar lejos… Atraviesa el mundo que conoce, conociéndose a sí mismo y sus pasos, y el único deber es confiar, a medida que te lleva por su país de montañas.

Quilotoa Volcano Ride (8 días)
Sigchos, Quilotoa, Isinliví, Planchaloma

Cotopaxi Volcano Ride (8 días)
Bombolí, Machachi, Pedregal, Cotopaxi

Mystic Cloud Forest Ride (2 días)
Corazón, Bombolí

Wild Andes (12 días)
Bombolí, Sigchos, Quilotoa, Guambaine, El Salado, Chimborazo/Carihuarizao, Urbina, Igualata, Tungurahua.

Fotografía: Jorge Vinueza

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