Un mercado con corazón amazónico

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Junto a los primeros rayos de sol se van descubriendo los puestitos de comida amazónica en los mercados de Macas, cada uno más colorido que el anterior.

El pasar de la gente es lento, casi detenido, pues el afán de descubrir nuevas frutas, vegetales o aderezos está siempre presente. Esto no quiere decir que abunda la quietud. Al contrario, cada comprador traza con fervor su camino para encontrar un tesoro, ya sea el ingrediente ideal, una deliciosa chicha de chonta para empezar el día o una buena conversación con la gente local.

En la bonita capital de Morona Santiago, cruzando el puente del río Upano en dirección al centro, encontramos tres mercados: el Mercado Central, La Unión y el Mercado de las Mujeres Amazónicas. Este último está ubicado en las calles Amazonas y 10 de Agosto y abre sus puertas cuatro días a la semana (miércoles y viernes a domingo). Es uno de los rezagos culturales más importantes de las comunidades shuar para macabeos y macabeas, un agitado punto de conexión entre la ciudad y lo ancestral, entre lo tradicional y lo moderno y, sin dudas, el lugar ideal para encontrar toda la variedad de ingredientes de la megadiversa Amazonía.

Una pequeña variedad de hojas amazónicas…

Las comunidades shuar de parroquias cercanas tales como Sevilla, Proaño y Don Bosco se levantan antes de que empiece el día para decorar sus puestos. Desde aquí ya empieza la magia. Lo que generalmente es un parqueadero vacío, se cubre en su totalidad de las bondades de la selva.

¿Haz oído nombrar alguno de estos frutos? El kusuimi (granadilla amazónica), la huamboya (plátanos), el caimito, el pambil (palmito amazónico) y los oros (oritos… pero verdes)… ¿No? Pues son los que despiertan la curiosidad de quienes pasan y repiten el mantra del lugar: ¿y esto qué es? Esta pregunta da siempre paso a un intercambio de saberes que dejan a uno pensando: ¿por qué no había oído hablar de eso antes?

Mercado adentro

Como si de una ceremonia se tratase, el puesto de Maribel recibe a los visitantes con una inmensa olla y mocaguas (recipientes para compartir bebidas) con el afán de compartir su deliciosa chicha de chonta. Cuenta que prepararla «no es un proceso complicado» ya que este alimento abunda en la región. Explica que se le debe cocinar por treinta minutos y que, después de sacarla, pelarla y picarla, hay que dejarla reposar en una tina para que fermente.

Su contextura es espesa y su sabor similar al del tomate de árbol, pero un tanto más ácido. Mientras la bebo, Maribel me dice «es para que tenga energía toditito el día». Sonrío y observo a lo lejos un atado de la tradicional hoja de bijao y, con la quizás ingenua intención de aprender a cocinar el tradicional ayampaco, le pregunto el precio. Cincuenta hojas a un dólar, me responde. ¿Qué me hago con cincuenta ayampacos?

«Pambil» en canastas para su venta. La libra de estos grandes palmitos (que parecen cilindros de espumaflex) cuesta veinticinco centavos.

En el ambiente se puede respirar la camaradería entre vendedores. «Venga, venga, por acá debe de tener» es la respuesta que se escucha al buscar algo que no es tan común. Sí, ¡incluso aquí hay alimentos que son difíciles de encontrar! El nombre kusuimi me llamaba mucho la atención y en una de estas búsquedas por encontrar el fruto, aparecieron Eddy Ayuy y su tío, quienes amablemente me invitaron a probarlas en su puesto.

Mientras las cortaba con el cuchillo de bolsillo que regaló a su sobrina, Eddy me cuenta que se dedica a la música. Específicamente a la cumbia. También revelo que es mejor conocido por su nombre de artista: El Agricultor. En sus letras, hace llamamiento a reencontrarse con las raíces de su pueblo, de los shuar. Dice que cada vez son menos quienes viven con las costumbres que se le inculcaron de niño. «¿Sí ves? Ahora no nos reconocerías por nuestras pinturas o atuendos. Ya no los usamos como antes», detalla mientras señala a su alrededor.

Eddy Ayuy (alias El Agricultor) sosteniendo una mata de «huamboya».

Iruntrarum kakaram ayastarum exclama Eddy al momento de despedirlo con mis manos ahora repletas de alimentos amazónicos. «Esto significa ‘únanse y sean fuertes’ en shuar», explica. Supongo que es un tipo de despedida y buen augurio para la vida. Le pido que lo apunte en mi libreta mientras me comenta que antes su idioma no se escribía, que solamente era verbal. Me cuenta también que su pronunciación es nasal y que por ello es difícil que las personas pronuncien la frase correctamente. Esto me hace pensar en la importancia de añorar tu cultura como lo hace Eddy. Ese deseo y esa nostalgia quizás lo impulsen a hacer lo posible por preservar lo suyo.

Kusuimi (la famosa granadilla amazónica) lista para comer.

Un último recorrido me reafirma que la papa china, la guayusa y la yuca son las estrellas del mercado. Se encuentran en todas partes y es lo que «más lleva la gente».

Los tres son principalmente conocidos por sus bondades alimenticias, pero, sobre todo, por ser fuente de energía. Eso sí, si de energía se trata, se puede dar un pequeño salto al Mercado Central para probar el famosísimo ayampaco preparado de la manera tradicional: pollo, pescado, yuca y ensalada envueltos en la hoja de bijao. Y claro, dependiendo de la valentía, también está la aventura de probar los pinchos de chontacuro (lo que llamaban gusano amazónico pero es en realidad la larva de un escarabajo que vive sus primeros años en el interior de las palmas de chonta). Debo admitirlo… todavía no estoy preparado. Me quedo con mis cincuenta ayampacos.

PH: Udit Kharka

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