Santo Domingo y San Roque al andar

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La idea es empezar nuestro viaje de Quito a Otavalo desde el verdadero punto de partida, y para ello nos trasladamos a la Iglesia de Santo Domingo en el Centro Histórico. La carretera Panamericana Norte parte precisamente de la esquina de Flores y Maldonado, donde se levanta el glorioso monumento, uno de los más coloridos y memorables de la vieja ciudad.

La madera aquí es ineludible, haciendo de la experiencia de ingresar y caminar la iglesia un íntimo encuentro con siglos de historia, impregnados en las vigas y tablados coloniales. Sacerdotes italianos del siglo XIX se deshicieron de las piezas barrocas que originalmente adornaban el templo, (se piensa que hoy decoran la pequeña iglesia de Perucho en la Ruta Escondida) reemplazándolos por elementos neo-clásicos.

A la derecha del altar principal yace la sobrecogedora Virgen del Rosario, insertada dentro de una capilla estilo rococó que fuera de contexto “empalagaría” a cualquier mortal, pero durante la hora de visita no es sino un festín para los sentidos.

Monumento km 0 de la carretera Panamericana, por el arco sobre la calle Rocafuerte y Maldonado.

Desde 1586, Fray Pedro Bedón, vivió y trabajó en el templo (visita el Museo Fray Pedro Bedón, al norte de la iglesia), dando inicio a un legado artístico de gran importancia, en el que también se guardan obras patrimoniales de Bernardo de Legarda, Caspicara o el Padre Carlos, revelando la fina labor y fascinante sincretismo cultural en sus vírgenes “mestizas” y coloridos belenes.

De Santo Domingo hacia el norte, bajando la calle Flores, uno encuentra tiendas de lana donde los vecinos del barrio reciben clases in situ, al igual que locales de venta de velas como “Luz de América”, que funciona desde más de un siglo sobre la calle Pereira.

A una esquina de Santo Domingo, hacia el oeste, subiendo la calle Rocafuerte, se llega al ecléctico barrio de San Roque. Su comunidad industriosa organiza visitas guiadas para mostrar el valor cultural del barrio. Uno pasa de tiendas esquineras a talleres artesanales, iglesias y mercados del sector comprendiendo un profundo deseo de conservar quehaceres y estilos de vida de siempre. Costureros, sastres, bordadores y modistas, el bazar de Rosa González con sus pociones de amor y jabones de la suerte, forman parte de un viaje que atraviesa más de un siglo de vida popular.

Calle Rocafuerte, barrio San Roque.

Impregna el olor dulce a maní que cuece a fuego lento frente al Arco de la Reina, parte del antiguo Hospital San Juan de Dios, hoy Museo de la Ciudad (la entrada es a media cuadra sobre la García Moreno). Al frente se halla el Monasterio del Carmen Alto, todavía un claustro de monjas que venden ungüentos y dulces desde el torno de madera que las oculta (de venta también en la tienda al lado izquierdo del patio).

Más arriba, encuentra la recientemente renovada Plaza Santa Clara, dominada por las paredes blancas de su convento (otro claustro que rara vez abre al público). A la derecha, por la calle Cuenca, está el Museo Casa del Alabado, una colección precolombina de primera lid mundial, situada en una hermosa residencia colonial.

Volviendo a la calle Rocafuerte —curiosamente ideal para comprar piñatas— encontrarás tiendas que venden guayusa amazónica y otros exóticos productos naturales, al igual que el último molino de harina del centro histórico. A la izquierda, al frente de la Iglesia de San Roque, se halla otro “museo vivo” de ajetreo y comercio popular: el Mercado San Francisco. No te pierdas los kioscos de curanderos que soban a sus pacientes con ramas medicinales durante sus tradicionales “limpias”.

Restauradores de imágenes religiosas retocan la piel de las tallas de madera con tanta delicadeza que parecieran reales.

Desvío la Ronda

Conocida por su vida nocturna, por ser el lugar de encuentro de una de las generaciones literarias más importantes del país (quienes famosamente se hacían llamar “Los Decapitados”) y motivo de inspiración para gran parte de la música popular de Quito, La Ronda caería en el olvido hasta que un proyecto municipal la restaurara.

La curva adoquinada de esta pequeña vía en pendiente se prende en las noches con sus tiendas de artesanías, restaurantes, galerías, hoteles y bares; bandas de música callejera, dúos acústicos y puestos de canelazo resucitan el espíritu bohemio de antaño. Puedes inclusive salir en busca de sus personajes emblemáticos como el “hojalatero”, el “cirujano” de pianos, el sombrerero o el “soplador”… Durante el día, la zona guarda un aire a “silencio después de la tormenta”, pero vale la pena visitar los juegos tradicionales instalados en plena calle o la Librería El Quinde, antiguo archivo del FONSAL, con un interesan-te catálogo de material histórico de Quito.

Antiguo Hospital San Juan de Dios, actual Museo de la Ciudad.

La Ronda (Calle Morales) está ubicada una cuadra al sur de Rocafuerte… empieza tu recorrido detrás del Museo de la Ciudad.

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