Riobamba – Alausi: A la sombra del nevado

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Muchos han visitado Riobamba con la única intención de ir a tomar el tren de la Nariz del Dibalo y se han econtrado con esta interesante ciudad y sus fascinantes alrededores.

El tren es, sin duda, un gran atractivo a la hora de visitar esta región del país. Y Alausí es un lugar emblemático dentro del trayecto.

Ubicada al sur de la provincia de Chimborazo, esta ciudad andina ha sido por décadas mención obligada en guías de viajes y en relatos de experiencias insólitas a nivel mundial, gracias al mítico y breve trayecto en tren conocido como la Nariz del Diablo. De por sí, el tren ecuatoriano se granjeó la fama de ser “el tren más difícil del mundo”, y es quizás la Nariz del Diablo la razón más palpable para evidenciar dicha reputación.

Hasta hace pocos años viajeros de todo corte se tomaban fotos desde el mismo techo del tren con las piernas colgando en el vacío mientras descendían una verdadera pared natural hasta la estación de Sibambe, ubicada unos 500 metros de desnivel por debajo del punto de partida en Alausí. Hoy, por motivos de seguridad, viajar en el techo está prohibido, pero el talud que se transita sigue siendo una de las pendientes más escabrosas del mundo recorrida por este pequeño y zigzagueante tren andino.

La Nariz del Diablo se vende sola, pero el viaje entre Riobamba y Alausí es una experiencia en si misma que vale la pena saborear al paso tranquilo del ferrocarril

Saliendo de la ciudad de Riobamba, en poco tiempo las postrimerías de la zona urbana dejan paso a los contornos de colina y sembrío de los alrededores. La primera parada tiene lugar en Colta, entre la laguna y la antigua iglesia de la Balvanera, memoria de la fundación de la primera ciudad española en el territorio nacional.

Seguimos viaje hacia la zona de Cajabamba, antiguo asentamiento indígena con importante historia precolombina.

A pesar de la altura, Chimborazo es una tierra fértil de cultivo, de productos autóctonos y famosos mercados, de tierras salpicadas de quinoa y papa, moteadas con los vivos colores de las vestimentas tradicionales de los campesinos que las trabajan.

La Ruta Escondida es una joya por descubrir, no pierda de vista los pequeños detalles: altares (Perucho), aguacates, peinados, zapaterías, etc.

Avanza así el tren entre sembríos y ganado hasta el pueblo de Guamote. Si acaso usted viaja en jueves podrá experimentar una sensación única mientras el tren se abre paso lentamente entre el mar de ponchos rojos de los pobladores que asisten religiosamente a su famoso mercado semanal. Abandonamos Guamote y la vía cambia de registro, avanzando al paramo de Palmira donde los vientos andinos azotan a nuestro paso. Cruzando a más de 3000 metros de altiud avanzamos hacia Tixán, conocido paso de las tropas independentistas en su ruta hacia Quito, asediados por neblinas y vientos que se persiguen entren los vagones.

Estamos a las puertas de San Pedro de Alausí, ciudad patrimonial orgullosa de sus casonas, sus callejuelas y su historia, ligada de manera permanente a la trágica y dificultosa construcción de la Nariz del Diablo, cuyo perfil se adivina ya desde la ciudad.

La estación de Alausí es el punto de partida para uno de los hitos más emblemáticos del ferrocarril ecuatoriano. Sibambe, punto de llegada del veritginoso descenso puede parecer un desierto a primera vista, ocultando el hecho de ser la puerta a los bosques húmedos subtropicales que en pocos kilómetros más nos acercan a la costa del Pacífico, en ese in- sólito viaje que nos transporta desde los 3000 metros hasta el nivel del mar, uno de los viajes ferroviarios más audaces del mundo.

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