Qiqin Mikuy, Qiqin Hampi: que tu alimento sea tu medicina

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Cuando pensamos en medicina sagrada, pensamos, por lo general, en plantas de poder como el ayahuasca. Sin embargo, la alimentación es otra manera de elevar la conciencia. A sus veinticinco años, taita Puma Qero Minta, de la comunidad de Shuyo, descubrió este camino. Fue la humildad y conocimiento de su abuela sobre los alimentos lo que lo llevó a aprender de ellos. A cada comida, ella le decía: “qiqin mikuy, qiqin hampi” (que tu alimento sea tu medicina).

Puma Qero, yachac de Chimborazo y rector de la Universidad Indígena de Colta y Qhishpe, su yanan (esposa), nos reciben con una limpia de menta, canela, palo santo y romero para armonizar energías. Ingresamos con nueva energía mientras Sumak Guambra (joven y bello), su compañero perruno, nos sigue de cerca para mostrarnos el lugar.  

“Estamos construyendo este refugio para nuestros hermanos menores”, explican, señalando a una construcción de barro debajo de su casa donde pronto habitarán los cuyes que con cariño han criado. La pareja se dedica al secreto arte de sembrar alimentos. Sus semillas y métodos son los mismos de sus ancestros, una tarea que demanda paciencia y sabiduría. Pocos se dedican a ella hoy. 

Es evidente que todo busca armonía con el entorno. Los cuyes no son sólo un producto más de su esfuerzo, sino una pieza indispensable: “Nos ayudarán a mejorar la tierra para todas las plantitas”.

Jardines de los Incas

Basta con alzar la mirada para darse cuenta que los sembríos están seccionados en pisos. Esta antigua técnica de terrazas es una práctica “milenaria y universal”, según las palabras de Puma: “los Incas, nuestros hermanos mayores, eran los expertos”.

Quizhpe lo explica: “El primer piso se llama yuyu (bebé), ya que nos da las primeras pistas para cultivar”. “Después viene la terraza guagua, guambra y mama”, continúa Qhishpe. “Entonces, ¿los cultivos son como las etapas de la vida?”, pregunto. “¡Así mismo! Esa es la manera que lo concebían nuestros antepasados”.

A través del proceso de prueba y error, la pareja ha descifrado cómo cuidar sus cultivos. Al momento, mama ha sido la terraza más productiva. “Nos ha tratado como una verdadera mamá”, bromea Puma. Este piso, el cuarto, ha sido el más exitoso; recibe más horas de luz y su producción es constante.

Los siguientes pisos continúan en fase de exploración. De yaya o taita, el quinto piso y complemento de mama, se esperan buenos resultados. Las terrazas más altas, que corresponden a hawa (el plano superior), siguen labrándose para ofrecer nuevos conocimientos de la tierra.

Guardianes de semillas

Junto a las terrazas superiores se encuentra una cabaña construida por la pareja. “Vengan, bienvenidos, sientan la energía de este lugar”. Me paro en medio de la estructura, desde la cual, cuando está despejado, se pueden observar todas las montañas sagradas.

Hay atados de maíz amarrados en las columnas que atrapan mi atención. Se trata de una técnica ancestral de cosecha, donde la planta se recoge con todo y fruto. Luego, se la coloca boca arriba, generando un efecto asombroso: ¡el azúcar de las raíces minerales continúa nutriendo a la semilla mientras esta se seca! La técnica se utilizaba también con el zapallo, la mashua y la oca, un tesoro del cultivo antiguo.

Frutos como el toronche, una especie de babaco andino, el guato o porotón, un frejol gigante y el mulli, utilizado para sanar problemas de respiración (incluyendo Covid), son algunos de los alimentos que se rescatan. “No podemos perder estos alimentos”, puntualiza Puma.

La idea es siempre compartir ‘ramitas’ con los vecinos y visitantes para que ellos ‘vayan y siembren’. Al final del día, este jardín de saberes debe expandirse desde este punto en pleno corazón del país. 

De vuelta a los orígenes

Con la llegada de la tarde, recogemos hojas secas del jardín para armar una fogata. Puma y Qhishpe nos invitan a degustar su colada estrella, hecha con máchica de mano, canela de la sierra y panela.

Mientras la preparan, Puma cuenta una historia, sobre algo que ‘entró profundamente en él’. En una visita a una comunidad cercana, escuchó a una niña decir que quisiera que “plantemos como antes”. Para Puma, fue una señal inequívoca. La gente joven también quiere “volver a las raíces”. No es una tarea fácil. El sistema nos ha obligado a hacerlo todo al revés: comer rápido, comer sin consciencia.

Puma está convencido que quienes lo visitan están conectados con su cosmovisión. Desde su premisa de “medicina natural preventiva” entiende que del alimento viene la salud así como la enfermedad. Volver a pensar en la medicina de los mayores brinda, además, “una seguridad existencial”. Concuerdo con sus palabras, a pesar de comprenderlas a medias y me llevo el lema que me acompañará en cada comida: que tú alimento sea tu medicina.

Fotografías: Bernarda Carranza

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