Proyecto osos: los osos quiteños

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El Oso de Anteojos tiene todo para convertirse en un emblema ecológico por antonomasia, como en la asolada China lo ha sido el Oso Panda. Un animal noble y orgulloso, cuyos cachorros fácilmente inspirarían a fabricadores de peluches del mundo entero.  Estrictamente vinculado al hábitat primario, en peligro, que con el cuidado de sus sabias pisadas domina, este imponente mamífero quiteño es, además, salvo el casual roedor o conejillo, un empedernido vegetariano.

Hay que imaginárselo, pues, al oso andino, furtivamente guardando nuestros parques nacionales y zonas protegidas. “¿Habrá más que silencio, inmovilidad, al pie de los árboles, de los bejucos…? Pues bueno es que haya guardianes” reza el Popol Vuh, antigua Biblia quiché de los Mayas… Santiago Molina, biólogo y amante sin vuelta del Oso de Anteojos, se dio el trabajo de revertir la ecuación divina, colocando en más de 15.000 hectáreas un sinnúmero de “cámaras trampa” para descubrir al guardaparques en su elusivo quehacer, fotografiarlo ‘al pie de los árboles, de los bejucos’, obteniendo de él datos de comportamiento, trayecto y género que le ayudarán a revelar las realidades más recónditas del bosque montano alrededor de Quito. Ya se han ubicado venticuatro individuos.

Huellas de osos de anteojos.

“Ver a una mamá oso y sus pequeños…”, dice Santiago Molina, “me cambió la vida”. Desde ese día le ha dedicado tiempo, sudor y lágrimas a la protección de esta especie emblemática de los Andes, delineando las bases para la creación de un corredor natural que le sirva de colchón frente a los retos que lo afectan: un hábitat cada vez más fragmentado, una frontera agrícola en crecimiento, tala, caza furtiva y el simple desconocimiento de la gente sobre su importancia y efecto positivo en los ecosistemas.

Al proyecto se han sumado entidades como la Secretaria de Ambiente del Municipio de Quito y el Centro de Transferencia de Tecnologías de la USFQ, quienes, bajo la dirección técnica de Santiago y su equipo, trabajan en pos de proteger y mejor entender al único oso del Ecuador. Lo importante, por supuesto, dentro de este tipo de proyectos es que se siga protegiendo el bosque y que dicha protección amplíe el trabajo ya realizado por reservas privadas y estatales pioneras en la región, como el Bosque Protector Mindo-Nambillo o la Reserva Maquipucuna.

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