Por la espuma del mar: Posorja, El Morro, Isla Puná

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Playas también es el punto de partido hacia Puerto El Morro, que forma parte del enrome ecosistema de manglares del Estero Salado. Paseos en barco salen de aquí con regularidad para explorar la zona, y con suerte, encontrar delfines en lo que viene a ser un apacible entorno natural (también pueden hallarse en Posorja, y tal vez en mayor número, aunque el ambiente es menos pintoresco, decididamente industrial). En el camino, el pueblo de El Morro es una visita obligada, dominado por su desmesurada y reluciente iglesia blanco con verde (nótense los ventanales de madera típicos de la costa, idóneos para ventilar el interior). También se puede visitar Cerro El Morro, una de las pocas colinas de la zona, donde se puede realizar trekking o escalada. El paisaje aquí es yermo, aunque impresionante. Camaroneras secas, prominentes y extensas, muestran su impacto sobre el hábitat.

Farallones de pelícanos en el trayecto a la isla.

De vuelta en Playas, tomando la vía a Data al este, pasamos primero por una cadena de hoteles de mediana escala (Delfín, Bellavista, Tucano) que ofrecen alojamiento decente. La vía pasa por dos barrios rurales, Data de Villamil y Data de Posorja con su simpática playa Varadero. Llegamos al final del camino en el pueblo de Posorja (que aparentemente quiere decir ‘Espuma de Mar’). Este antiguo pueblo de pescadores tiene más historia que atractivos. Aparentemente le debe su nombre a una legendaria mujer prehispánica que llegara a sus orillas en forma de espuma de mar y que se fuera de la misma manera, sin antes presagiar la llegada de los españoles. Se considera, en general, que la zona entera desde Engabao a Posorja cuenta con el “clima más templado del mundo” (esto lo diría hace poco la revista National Geographic, pero desde hace décadas lo profería el recordado pediatra guayaquileño Francisco de Ycaza Bustamante, quien recetaba visitas regulares a Posorja, en especial, para asegurar la salud de sus pacientes).

Extensiones de playa para disfrutar a lo largo de la Isla Puná.

Desde aquí, es la manera más fácil de visitar Isla Puná. Un breve paseo en barco de 30 a 45 minutos se organiza con la comunidad local (en un pequeño rompeolas al final del pueblo hacen fila los lancheros, a partir de las 8h00).

En el trayecto, se puede buscar delfines o detenerse en los maravillosas islotes de Manglecito, donde se recorre un hermoso bosque insular. Pasamos también a poca distancia de una serie de promontorios abarrotados de fragatas y pelícanos, hasta llegar a la costa occidental de Isla Puná.

Con casi 1.000 km2, Puná es la isla más grande del Golfo. De los cuatro pueblos visitables, recomendamos Subida Alta (los más cercanos se llenan de gente y las playas son menos limpias). Subida Alta es un lugar apartado, pacífico, con casas de bambú, hamacas y poca infraestructura, (aunque es posible quedarse la noche en el pequeño Hola Ola, un cuarto de bambú rústico pero bien mantenido que recibe huéspedes). Desde el mirador (un regalo al pueblo por parte de las autoridades), las vistas del mar abierto, y la isla en sí, son maravillosas. Caminando al sur, hallamos una hermosa playa (Punta Brava), solitaria y paradisíaca donde uno puede pasar el día en completa distensión. El paraje tiene gran potencial, aunque es bastante rudimentario. Son los primeros pasos de la comunidad en el campo turístico y sigue siendo una aventura, digna de nuestras páginas, pero no siempre de todos nuestros lectores. Nos gustaría conocer sus experiencias. Para llegar a la costa oriental de la isla y su ciudad más importante, Nueva Puná, el viaje es más conveniente zarpando desde los muelles de Guayaquil en lancha rápida.

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