Pelican Bay, Espantando a los pterodáctilos

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Todos los días en Pelican Bay se ofrece lo que podría describirse como un ‘teatro surrealista al mejor estilo de Luis Buñuel’. Este lugar debería encabezar la lista de pescaderías más especiales del mundo.

No por su tamaño (porque también es probablemente uno de los mercados pesqueros más pequeños del mundo), sino porque alrededor, debajo y encima de la mesa de cemento de 2-por-4 donde vendedores filetean la faena fresca de los pescadores locales, lobos marinos y sus cachorros, así como una docena o más de monstruosos pelícanos (siempre me recuerdan a gigantescos pterodáctilos), al igual que la gaviota más rara el mundo, la Gaviota de Lava de Galápagos, procuran robarse un bocado.

Los vendedores deben espantar a los animales constantemente (lo hacen con matamoscas, que se suma a lo absurdo de la escena), pero éstos vuelven, y cada cierto tiempo, logran pescar un camotillo entero. La mayoría, por supuesto, solo recibe restos de huesos y espinas. Las piezas no comestibles son cortadas y enviadas al mar, donde aguardan tiburones de arrecife, a veces causando alboroto en el agua.

Situado justo frente a los restaurantes y galerías de la Avenida Charles Darwin, la visión cobra mayor rareza cuando un pelícano tambalea hacia el pueblo. Estar tan cerca de estos animales y ser testigo de su cohabitación con los lugareños es una visión difícil de olvidar. Por la noche (todos los días excepto los domingos), el mercado monta mesas y sirve un festín del pescado fresco. También se organizan espectáculos de danza folclórica callejera los sábados en la noche.

Fotografía: Jorge Vinueza

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