Parque Cóndor

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Surcando los aires de la educación ambiental en Ecuador Entramos al recibo de Parque Condor y Joep está visiblemente emocionado con su nueva adquisición. Durante el fin de semana, una señora le dejó una lechuza. No está seguro todavía si es un Mochuelo Andino o un Mochuelo del Pacífico, pero ello no quita su entusiasmo por construirle un aviario. No más grande que una lata de Coca Cola (y no más pesada que una esponja), el ave salta en mi mano y me deja sobarle la cabeza.

Joep Hendriks creó Parque Condor de 20 lotes colindantes situados en una meseta que atalaya el valle de Otavalo. Por más de 10 años, se ha dedicado a rescatar aves de presa, ofreciendo demostraciones de vuelo y trabajando para incrementar la conciencia ambiental en el país y las comunidades locales. Tuvimos el placer de conversar con él mientras paseábamos cerca de asombrosos búhos y halcones y aves raras y espectaculares como el Águila Solitaria o la majestuosa Arpía.

Ñ: El lugar se ve increíble… me imagino que no fue fácil…
JH: Tienes que pensar que no había nada. Ni siquiera un árbol. En realidad, tuvimos problemas creciendo árboles, pero de a poco estamos teniendo resultados. Por otro lado, siempre es difícil educar a las personas sobre cosas que aún no les importa o que aún no entienden. Es por esto que las poblaciones del Cóndor Andino se han reducido tanto. Pero las cosas están cambiando.

Ñ: ¿Entonces qué es… o qué hace el Parque Cóndor?
JH: Es cómico… hace dos años hicieron una en-cuesta y parece ser que los encuestados estaban admirados del parque, pero el único comentario de los pocos comentarios que hubo era “nos gustaría ver más aves”. Es un poco contradictorio ¿no te parece? Es decir, nuestra misión es rescatar aves heridas y devolverlas a su hábitat natural, pero parece que necesitamos tener muchas aves en cautiverio para ser atractivos. Es un dar y recibir. Mostramos las aves, pero también somos un centro de recuperación.

Ñ: ¿Eso es lo que está detrás de las demostraciones de vuelo?
JH: Podría decirse que sí. Tenemos que ser atractivos como centro para acercar a la gente a la naturaleza y ayudarles a aprender a respetar y quererla. Tenemos ahora dos Águilas Americanas, macho y hembra… excelentes voladoras y muy hermosas. No están heridas, y no representan a la avifauna ecuatoriana, pero se ven geniales y son un éxito. La gente responde a eso.

Ñ: ¿Cuándo empezaste con la cetrería?
JH: Hace mucho tiempo… tenía 10 años. Soy de una región de Holanda donde es una tradición importante.

Ñ: ¿Y cuándo empezaste a trabajar con aves en el Ecuador?
JH: Cuando llegué, me percaté que lugares como Cabañas del Lago tenían, por ejemplo, un gavilán en una jaula. Pensé: ¿no sería bueno que más allá de tratar bien al ave en cautiverio, se lo pudiera utilizar como herramienta ecológica, y como ya sabía hacer volar las aves… Joep se para al filo de un anfiteatro de piedra que tiene como escenario la extensión completa del valle de Otavalo. Un Águila pechinegra posa sobre su guante de cuero. Lo lanza como si fuera una pelota de béisbol y el ave emprende el vuelo. Es enorme —una tercera parte de Joep —y rápida-mente se convierte en un punto en el cielo. Joep se sienta para continuar la conversación. El águila seguramente está sobre el pueblo, pero pasan ni cinco minutos, y Joep alza el brazo repentina-mente. La criatura aterriza encima suyo con las ráfagas de su vuelo que me soplan en la cara.

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