¡Nieve a la vista! Snowboard en el Carihuairazo

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Pocos son los escenarios que se equiparan a un Chimborazo despejado, con el sol como reflector y una capa de nieve que pretende cubrirlo hasta sus faldas. Recorriendo por la autopista E30, de camino hacia él, uno piensa en aquellos tiempos de oro del andinismo, cuando un puñado de aventureros unían sus fuerzas y conocimiento para alcanzar por primera vez aquellas inalcanzables cumbres. Hoy en día, están más bien quienes quieren bajarlas. Pero no de cualquier forma, sino montados en una tabla de snowboard. ¡Así es! Aquí en Ecuador.

Cuando el volcán Carihuairazo se viste de nieve es cuando el equipo de snowboard Ecuador está listo para visitarlo. La mirada de Kone, nuestro guía local, delata su emoción. Para él, la montaña es su terapia. ‘Si el clima acolitara así siempre, vendría todos los días’, bromea, de tal forma que me hace dudar si, en efecto, lo haría. Pero a medida que nos acercamos, el destino parece más bien alejarse.

Nos desviamos de la carretera principal para ubicarnos frente al volcán en un corto trayecto de 4×4 que nos conduce a la comunidad de Patococha (laguna de los patos), quienes decidieron implementar el deporte de la tabla de nieve (o “snowboard”) a sus actividades turísticas. El retrovisor anuncia a un grupo de jinetes que se acercan a toda velocidad. Kone baja la ventana para saludarlos. Ellos serán los encargados de llevarnos cuesta arriba, en caballos, con todo el equipo a nuestras espaldas hasta la cumbre.

El sol comienza a revelar el paisaje. Desempacamos todo inmediatamente para no perder tiempo. Gorros, gafas, chompas de protección, tablas, todo se encuentra en el piso y es ágilmente repartido por Kone para todo el equipo. Bueno, exceptuando a los guías de la comunidad, quienes con poncho y zapatos de goma ya están preparados para el ascenso. Pero antes, para lo que hay un poco de tiempo, es una taza de café acompañado de unas empanaditas recién preparadas por nuestros anfitriones.

Al llamado del nevado

Con el Carihuairazo como objetivo, nos montamos en los caballos. La mía se llama Canela, y será la primera vez que hará este recorrido. Después de una muy breve clase de equitación, estamos listos para hacer el recorrido de aproximadamente dos horas.

Mientras dejamos atrás Patococha, no tardaría en terminarse la comodidad de cabalgar por las planicies. El camino se vuelve rocoso, empinado y ventoso rápidamente, digno de una aventura como esta. Hay pequeños tramos donde Canela tiene dificultades para subir. Es ahí cuando Kone me explica que es necesario hacer todo mi peso (y el de mi equipo) hacia adelante para ayudarle a agarrar impulso. Lo mismo en las bajadas. Tengo que confesar que, además de esa técnica, intentaba la mía propia: aferrarme con todas mis fuerzas de las riendas.

Tras recorrer un sinnúmero de colinas, el revoloteo de las nubes anunciaba que nos acercábamos a nuestro destino. Con cada movimiento, el paisaje de páramo cambia y se adapta a sus formas… casi tanto como nuestros guías, quienes no parecen recibir ninguna partícula de frío a través de sus vestimentas. Incluso, parece que cuentan con una protección especial para la nieve.

Cuando la transición de sol a nubes se completó, sabíamos que era momento de dejar a los caballos. El resto del camino lo tendríamos que completar a pie. Snacks y bebidas empiezan a rotar. ‘¡Es un excelente día!’, exclama Kone. Creo que se refiere a que no hay neblina. De todas formas, animados por el comentario, nos despedimos de los corceles y avanzamos.

Un descenso de altura

Ahora que lo pienso, debió ser la emoción. Apenas estuvimos en contacto con la nieve, comenzamos a correr, como niños. Mala idea, necesitaríamos esa energía para después. Sin embargo, uno se siente en la cima del mundo, preparado para afrontar cualquier desafío. 

Con cada paso, la profundidad de la nieve aumenta. Lo mismo pasa con la emoción de practicar por primera vez el deporte. ‘La espalda debe estar recta, con una leve inclinación de rodillas y pies firmes para dar dirección’, explica Kone en una clase exprés mientras ajusta sus fijaciones (la base donde se sujetan los pies). Entusiasmado, realiza su descenso acompañado de un grito de emoción que nos contagia.

Y así, llega el momento. Hay que seguir las indicaciones y la voz de Kone, cuesta abajo, por primera vez. Me ayudo con ligeros movimientos para alcanzar la posición correcta. ‘¡Sigue el trazo de mi tabla!’, escucho justo antes de deslizarme. Para mi sorpresa, dar dirección a la tabla no es tarea difícil. La fría ventisca de la montaña se siente recorrer el cuerpo entero. Es una sensación única, una mezcla perfecta entre adrenalina y (nunca descrito con mayor precisión) cabeza fría.

Debo confesar: la primera caída no fue divertida. Al intentar pararme, la nieve llegaba hasta mis codos, lo que me dificultaba utilizar los brazos. ‘Tienes que impulsarte con la fuerza de tus piernas’, exclamaba Kone mientras me veía bregar a la distancia. Tras varios intentos fallidos, lo logré. Eso sí, con un considerable malestar de pies, por lo que procuré no volver a caer. Pero claro, era inevitable.

Con los pies en la tierra

Fue difícil desprenderse de la tabla. A pesar de la incomodidad tras horas de revolcarse uno en la nieve, había que aceptar que era momento de regresar a Patococha. Todos estábamos cansados, a excepción de nuestros guías, quienes parecían recargar energía con cada paso que daban. Aprovechamos incluso el último centímetro de nieve hasta que, a lo lejos, observamos los caballos que esperaban pacientemente.

En el descenso, todas las enseñanzas de la experiencia y la cabalgata estaban integradas en mí. El aire se respiraba más ligero, con la satisfacción de haber aprendido algo nuevo.

En la casa comunal nos esperaba un grupo de la comunidad. Nos llevaron a dar un paseo en la laguna, cantando canciones y disfrutando de sus anécdotas. Al preguntarles si ellos habían intentado practicar el snowboard me respondieron: ‘eso es solo para los duros’. Entre risas, pensé: ‘hoy no fui más que su aprendiz’.

Fotografías: Edwin Ríos (@ecuaoutdoor)

Snowboard Ecuador

Kone (@ecuaoutdoor)
(+593) 98 759 0741
(+593) 99 572 4077
Riobamba, Ecuador
Ins: @snowboardecuador
Fb: /snowecuador

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