Museo del Alabado: trascendiendo el tiempo

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Algunas personas se imaginan que el Quito prehispá­nico era un Quito inca, pero como hemos visto, aquel Quito antiguo es mucho más y no podríamos inventar un mejor testimonio de este hecho que el Museo Casa del Alabado.

Situado en una residencia casi mítica, frente a la cual vecinos se persignaban al caminar por debajo de la inscripción en el dintel de su portón principal (que lee «¡Alabado sea el Santísimo Sacaramento!») Museo Casa del Alabado está, de hecho, abarrotado de ingenio precolombino. Más de cinco mil piezas que abarcan un enorme legado de 6000 y más años anteriores a la llegada de los españoles, se muestran en una exposi­ción permanente, elegante, hermosamente iluminada y asaz completa.

Humanoides antropomorfos, monolitos Valdivia que datan de 5 mil años, morteros con cabezas de felino, mesas de brujo, cruces cuadradas, premonitorias formas en ‘V’, espirales, olas y pirámides axis mundi, los niveles del cosmos, herramientas de cacería, narigue­ras, espejos de obsidiana… un mundo tan vasto, tan alucinante, tan complejo e inimaginable, es desconcer­tante pensar lo inteligentemente que han sido dispues­tas las salas del museo mientras las exploras.

Monolito Cultura Valdivia. Costa sur, 4000 a.C. – 1500 a.C.

Es la única institución ecuatoriana, a nuestro enten­der, con guías de audio (¡y buenas guías de audio!). También se puede pedir un guía de carne y hueso que te lo explicará todo en detalle, pero todo ha sido tan cuidadosamente presentado, que uno puede dejarse llevar. Temática, cronológica y geográficamente, el mu­seo te lleva en un viaje fascinante de arte histórico de submundos, mundos medios, Jama Cuaques, Mantas y Huancavilcas, hasta llegar a la galería final con su frondoso jardín vertical como telón de fondo. Aquí, los curadores no consideraron seguir el orden necesario de la exposición; más bien dispusieron los objetos más hermosos de su sobrecogedora colección para crear una verdadera miscelánea nirvanesca.

Y para cerrar el recorrido, en un patio ciego en la parte de atrás, una histórica higuera que sobrevivió la remo­delación de la residencia sigue dando frutos, maduros, suculentos y dulces…

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