Mi recorrido histórico de Quito

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Por: Matthias Abram

Matthias Abram, un apasionado de la ciudad, vecino del acogedor barrio de San Marcos, comparte con nosotros lo que llama su “itinerarium quítense”: es decir, dónde ir en el Centro Histórico para recorrer sus hitos, admirar su arte, rendir tributo a próceres insignes y tomarse un café en un lugar muy especial.

Capítulo Uno: En los bordes de la ciudad vieja

La iglesia y museo que vemos en La Recoleta, vieja fundación de retiro para frailes dominicos, deteriorada y afectada por el terremoto de 1868, fue reconstruida por García Moreno y dada a las monjas del Buen Pastor, llegadas a Quito desde Francia. La iglesia, de estilo ecléctico de finales del siglo XIX, conserva un discreto encanto gracias a sus vitrales y murales. El museo de las monjas está repleto de bordados (hasta lo que conozco, son ellas quienes aún bordan las bandas presidenciales) y curiosos objetos, como el cáliz del cual bebió veneno (y murió) el arzobispo Checa y Barba el Viernes Santo de 1877.

Frente al semi abandonado parque se levanta la fachada, en su tiempo seguramente impresionante, del edificio central de la Exposición Nacional de 1906, organizada por Eloy Alfaro, para demostrar los progresos de su gobierno (hoy, el Ministerio de Defensa).

– Convento del Buen Pastor –

Abierta por el ingeniero Sebastián Wisse, maestro y amigo de García Moreno, encontramos, subiendo la Pedro Vicente Maldonado (a la izquierda) las iglesias antigua y moderna de San Sebastián. La parroquia era una de las siete parroquias originales de la ciudad, ya saliendo de la zona urbana. La iglesia nueva es una demostración locuaz de devoción popular, llena de copias de cuadros coloniales. En la casa parroquial se conserva una preciosa escultura española del santo titular.

Antes de llegar a la plaza de Santo Domingo, a la izquierda, podemos encontrar la casa en la cual vivía Eugenio Espejo y frente a está, la casa de Mejía Lequerica, recordado por la elocuencia de sus discursos durante las Cortes de Cádiz y marido de la hermana de Espejo, Manuela, inspirada escritora… Estos tres personajes figuran entre los más importantes de su tiempo.

– El Señor de los Milagros –

Capítulo Dos: Mamacuchara

Pasamos debajo del camarín de la Virgen del Rosario, venerada en una de las más bellas capillas de Quito, toda roja con oro. Delante de nosotros se abre la parte baja de la calle Rocafuerte, llamada la Loma Grande, calle muy movida, con algunas casas de principios del siglo XX y otras más viejas, no todas en buen estado.

Caminamos hasta el final, al encuentro de la plazuela redonda que le da su nombre al barrio: la Mamacuchara. Aquí encontramos nuevamente a Mejía en una columna y a un lado, el edificio de la ex clínica Pasteur, con graciosas paredes pintadas y un patio tradicional. Hoy, es el centro cultural del barrio.

– El redondel de Mama Cuchara con linda vista y hotel boutique incluido –

Retrocedemos unos 50 metros hasta encontrar a la derecha la bajada Fernández Madrid que nos lleva a la Capilla de los Milagros. Entramos en el patio. La capilla, construida alrededor de una imagen de Cristo aparecida en una piedra, fue cubierta de pintura en los años veinte del siglo pasado, con santos, historias y un panorama sorprendente que nos remonta a la propia ciudad bíblica de Jerusalén. Al lado, en la pequeña casita de la torre, nos espera el Café de los Milagros, muy agradable ambiente para beber una “guayusa”, té en las tardes frías (o claro, un café).

Capítulo Tres: Mi querido San Marcos

Desde aquí bajamos hasta la calle Sucre, antigua quebrada de Manosalvas, y subimos las escaleras hasta la plaza de San Marcos, corazón de este barrio que en los últimos años se ha hecho tan interesante por las múltiples iniciativas de sus moradores.

– Matthias ha hecho suyo el barrio –

La recién restaurada casa del Cura alberga una galería y un taller de serigrafía. Más allá, está el taller de madera fina del maestro Pepe Barrera y al lado un almacén de antigüedades. Cierra la plaza la imponente casa Benalcázar, anteriormente Fundación Caspicara y después Casa de la Danza.

Recorremos toda la calle Junín, al lado de algunas casas republicanas, dos de las cuales fueron construidas por los hermanos Russo en los años veinte del siglo pasado y algunas modernas, también. Hay tres museos en San Marcos, el Museo de los Arquitectos, el Museo de la Acuarela Muñoz Mariño y el Museo de Manuela Saenz, ya en la última parte, frente al muro del convento de las Catalinas. Hay el restaurante Octava de Corpus y el hotel boutique Casa San Marcos con una tienda de anticuario y un café. Otro café romántico se encuentra en el patio de la Casa Ortiz, hoy CEDIME.

Con todo esto, San Marcos se ha vuelto un barrio muy digno de visitar. Su verdadero secreto, sin duda, son sus amistosos vecinos, entre los cuales tengo el privilegio de vivir desde hace 35 años. Es gente amable, acogedora y solidaria. Nos conocemos todos y nos organizamos para resolver cualquier problema. Cuidamos nuestras casas y juntos defendemos el barrio y su apacible vida.

Capítulo Cuatro: Hacia la Plaza

Para salir de San Marcos, volvemos a la calle Flores y avanzamos a la derecha hasta la iglesia de las Catalinas. Se observan piedras reutilizadas, posiblemente de una anterior edificación inca, la casa de las vírgenes del sol, o aclla huasi que probablemente se ubicaba en este lugar. En el siglo XVI fue propiedad de un hermano de Santa Teresa, quien la donó para construir un convento. El portal lateral y también el principal, de grandioso diseño, son del arquitecto español José Jaime Ortiz, quien poseía tres casas en el barrio de San Marcos. De él es también la casona amarilla de la esquina, de lineamientos elegantes, terminada en 1703, morada de los marqueses de Maenza.

Estamos en la calle Espejo, parte de la zona peatonal del Centro. A la izquierda se levanta majestuoso en sus líneas art decó el teatro Bolívar, hasta los años setenta, centro cultural del Quito tradicional. Después de un incendio quedó años cerrado y ahora cobra nueva vida. Abajo está el café Galetti, el restaurante La Purísima y arriba el quemado Wonder Bar, famoso por sus ceviches (y sus noches de eventos especiales).

“Quito es una ciudad de sutilezas y mucha historia, capas una sobre otra que hacen de cada experiencia en la ciudad vieja un viaje en tiempo y espacio.”

Antes de cruzar la calle, vemos a la derecha un edificio de estilo francés muy curioso, con cúpula y ladrillo verde. Es la mansión del general Chiriboga. Dicen que tenía tres hijas que nunca salieron a la calle para conservar la blancura de sus rostros (se dedicaban a espiar a los pasantes detrás de las cortinas).

A pocos metros está la Plaza Chica, hoy con banquetas y un stand de venta de flores. Aquí estaba la casa de los marqueses de Miraflores, donde en enero 1802, Juan Pío Montufar recibió a Alexander von Humboldt y éste se hizo amigo íntimo de su hijo Carlos. Después estaba, en el mismo sitio, el almacén El Globo donde figuraba dos estoicos atlantes sosteniendo la fachada sobre el enorme portal.

Estas esculturas ahora levantan un globo frente al estadio Atahualpa. Con ceño fruncido y de pie sobre un enorme pedestal, vigila el arzobispo González Suárez, desalojado de su ubicación original en la plaza de San Francisco. La enormidad del edificio de La Previsora cierra la plaza. Cuenta con una sala y muchos detalles art decó, como la impresionante reja con figuras de estilo indigenista. Un poco más adelante, caminando hacia el Pichincha, nos detenemos un momento para observar el movimiento. Es la Plaza Grande.

Capítulo Cinco: Hacia el Pichincha

Almorcemos algo en Fabiolita, un buen seco de chivo (que es en realidad hecho de una suavísima carne de borrego), y vámonos subiendo la calle Mejía hacia el Museo de Arte Colonial, una hermosa edificación que ahora han llenado de obras barrocas, con algunos muy llamativos como “Invierno” del prodigioso artista Miguel de Santiago.

– Subiendo la Calle Mejía (y García Moreno) con un mural del artista quiteño Luigi Stornaiolo –

Los más aventureros podrán seguir la pendiente de la calle Mejía hasta El Tejar, pasando los mercados y baratillos donde hay mucho movimiento hasta atravesar unos puentes sobre la Avda. Mariscal Sucre (Occidental) hasta la bonita Capilla de San José. Desde la Occidental podemos viajar un kilómetro en bus hasta la plaza del Cementerio de San Diego, visitar la recoleta de los franciscanos, volviéndonos hacia el Centro por la Plaza Victoria (donde encontramos la señorial casa que fuera del escritor y gran conocedor de la ciudad Cristóbal Gangotena y donde se dice se festejó la victoria independentista de la Batalla de Pichincha).

En poco tiempo, estamos en la Avenida 24 de Mayo, la gran quebrada de Jerusalén (o de los Gallinazos) que fue rellenada en los años veinte del siglo pasado. Hoy es un gran espacio peatonal. Hacia la cantera podemos observar el lugar donde don Francisco Atauchi, hijo de Atahuallpa, tenía sus casas y donde se habían asentado las pocas familias de nobleza inca que sobrevivieron la Conquista.

– Iglesias, portales, escalinatas en claustros, visiones de la ciudad antigua –

Allí tenía también su casa y taller de herrería el herrero Cantuña. Al lado izquierdo, encontramos la pequeña Capilla del Robo, levantada para recordar el robo de unos copones de la iglesia de las Clarisas, sacrilegio por el cual fue juzgado y muerto un humilde indígena que confesó bajo tortura y seguramente no tenía nada que ver con el asunto.

Capítulo Seis: A las puertas de San Francisco

Cruzamos de vuelta al coro del Centro Histórico por la calle Cuenca (pasando Santa Clara, un precioso templo con unos altares de gran estética y una cantidad inusual de esculturas de la escuela quiteña, que lastimosamente sigue cerrada casi siempre.

– Los patios ocultos del claustro de Santa Clara –

Sobre la misma Cuenca está el hermoso museo de El Alabado, con 500 sorprendentes piezas de arte precolombino (sin duda uno de los museos más elegantes de los Andes) y más adelante, el complejo franciscano. Si está abierta, visita la Capilla de Cantuña, con obras atribuidas a Caspicara y tallados de Legarda, un ejemplo precioso del arte de la escuela quiteña, en todo su derroche barroco de ornamentos, angelitos, guirnaldas, espejos y estrellas.

Y claro, la iglesia de San Francisco, ya la tercera en este lugar, siendo de la tercera década del siglo XVII, que se abre sobre una curiosa escalera a mitad cóncava y a mitad convexa. Esta escalera y partes de la fachada ostentan influencia del manierismo italiano y son realizaciones de dibujos que se encuentran en el tratado de arquitectura de Sebastiano Serlio, editado en Toledo en 1565, lo que sirvió de inspiración para algunos detalles arquitectónicos en las iglesias y conventos de Quito. Existe todavía el ejemplar original usado por los maestros de obra con anotaciones de sus manos.

– Pasillos del Museo Pedro Gocial en el complejo de San Francisco –

San Francisco es un buen lugar para pasar un tiempo, con su hermoso Museo Pedro Gocial y la iglesia, siempre visitada por devotos, con sus hermosas capillas, púlpito y altares. El palacio Gangotena, ahora conocido como el hotel Casa Gangotena al lado derecho de la plaza, fue la casa de la familia de los recordados terratenientes del mismo apellido. La casa anterior se quemó en 1910 y se contrató a arquitectos italianos, los hermanos Russo, para construir tamaño palacio que en el Quito de entonces debió ser una verdadera atracción.

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