Malqui Machay: surge la leyenda

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Una selva escondida en medio de la montaña. Los restos cubiertos de musgo de un molino de azúcar del siglo XIX. Misteriosas estructuras Incas talladas en piedra que podrían contener al cadáver más elusivo de la historia andina. Estas ruinas son el sitio de un enigmático descubrimiento arqueológico, quizás el más importante de la memoria reciente en Ecuador.

El nombre que ahora se utiliza para referirse a este lugar, Malqui Machay, está estrechamente vinculado tanto con la historia del descubrimiento del sitio como con su posible significado como el lugar de sepultura del último Inca, Atahualpa. Se sabe que el emperador fue asesinado por orden de Pizarro en Cajamarca, en el norte del Perú en 1533, pero sus restos nunca fueron encontrados.

La primera pista del descubrimiento para la historiadora Tamara Estupiñán fue el significado de estos dos términos kichwas: Malqui se refiere al cadáver del Inca, y Machay es una palabra usada para describir un lugar de descanso final. Estipiñán sabía, a partir de un libro de historiales apenas decifrables, que una gran parcela de tierra que rodeaba a Sigchos había sido heredada por Francisco Topatauchi, el hijo de Atahualpa. Cuando descubrió que, dentro de este mismo tramo de tierra, la pequeña comunidad llamada Malqui compartía territorio con las extensas tierras de la Hacienda Machay, las piezas del rompecabezas comenzaron a unirse. En 2010, Estupiñán encabezó una expedición a la zona, y halló auténticas ruinas incas en el lugar.

A pesar de la curiosidad inicial generada por la teoría de Estupiñán, los estudios arqueológicos realizados en el sitio fueron interrumpidos. No se realizaron más excavaciones, y el estudio se limitó a la restauración de la evidencia ya expuesta. Estupiñán ha continuado desarrollando sus argumentos desde una perspectiva histórica, y tiene un nuevo artículo programado para su publicación en los próximos meses.

Puedes visitar el sitio entrando a través de una carretera sin señalización en la vía entre Chugchilán y Pucayacu. Algunos sectores de la excavación están cubiertos de lonas plásticas negras, y otros están abandonados por completo. Mientras que algunos visitantes pueden sentirse frustrados por las piezas del rompecabezas que faltan, me encontré intrigada. Todavía queda mucho por descubrir. Es fácil imaginar cómo debió haber sido para Hiram Bingham explorar el valle del Cuzco, comprendiendo que algo grande yacía debajo del suelo, pero no tenía manera de saber qué era o cuál sería su impacto histórico.

Cuando visites Malqui Machay, explora, haz preguntas y déjate llevar por todas las posibles respuestas.

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