Los Kioskos, la nueva vibra de calle en Galápagos

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Uno imagina que Galápagos es sólo naturaleza y turismo a lugares deshabitados dominados por animales de lo más extraños, que no existe más que restaurantes concebidos para impresionar a visitantes, pero el crecimiento de la comunidad de Puerto Ayora ha dado vida a una cultura callejera inesperada.

El humo emana sobre las casas de un piso, llenando de sabores al aire del turístico pueblo de Puerto Ayora. Desde coco hasta menestra, culantro y parrillada… ¿en Galápagos? Sí, se trata de una de las experiencias callejeras más idiosincrásicas de Ecuador.

Le llaman Los Kioskos, una calle cerrada a los autos por la abundancia de mesas y sillas que se han dispuesto sobre el asfalto. Es la fuente del ajetreo de lo que se ha vuelto una ‘buena velada’ galapagueña. Restaurantes uno tras de otro ofrecen ‘delicias de las islas’ de una joven comunidad humana que no tiene más de 30 años de existencia en la isla. Estamos hablando de arroz con menestra y carne… patacones… encocaos.

¿Cómo podemos llamar a estas, delicias galapagueñas…? ¿y qué las diferencia de sus pares continentales? Pues, aquí en Galápagos se cocina con la madera del guayabo, en un esfuerzo por controlar la reproducción de esta especie introducida, lo que termina ofreciendo un sabor memorable a las comidas que se sirven en esta calle. Y claro, lo que viene del mar, que son peces y mariscos únicos de este paraje del océano Pacífico… sobre todo el pez brujo, el camotillo y la langosta de Galápagos que son los más pedidos.

Subiendo por la Avenida Baltra, tomamos a la derecha en el puesto de venta de periódicos “El Ídolo” y llegamos a la ya famosa calle de Los Kioskos – poca gente sabe o le importa el nombre real de la calle… La oferta en estas dos cuadras es de lo más variada.

Dos recomendaciones Ñan:
El Kiosco de Renato: donde el hijo de Aracely sirve todo lo que es fresco y buenísimo. Imperdible el arroz con langostino, el seco de gallina criolla y cualquier otra cosa que Renato recomiende.
El Kiosco de William: los encocados de pescado, langosta y churo son el trio que atrae todas las noches a un séquito de fieles y a otros tantos neófitos que pasan por allí, y William, como buen marchante culinario que es, cada noche anuncia que “ya se acabó” a más de uno que tarde llega pensando que el encocado espera.

Foto: Jorge Vinueza

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