Las últimas Carey

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Por: Cristina Miranda

‘Carey’ es un nombre conocido en todo lado, no por lo que es ni por su inmensurable valor en la naturaleza, sino por el terrible uso que se le ha dado a su caparazón en la industria de la moda. El nombre identifica a una tortuga marina cuya presencia en el mundo se remonta a edades prehistóricas. Ha logrado sobrellevar el andar de millones de años, erupciones volcánicas, meteoritos, movimientos tectónicos que han cambiado la fisionomía del planeta… y solo la evolución del ser humano ha logrado hacer tambalear su preciosa existencia.

La tortuga carey es una de las especies más raras y amenazadas del planeta a causa de la destrucción de su hábitat –playas de anidación, zonas de alimentación, zonas de descanso, zonas de reproducción y rutas migratorias– y de la cacería directa para extirpar su caparazón y convertirlo en botones, marcos de lentes, joyas y espuelas para peleas de gallos. Las aguas, costas y playas ecuatorianas han sido, desde tiempo inmemorial, territorio de la especie.

El mal cuidado del hábitat ha hecho que en los últimos 20 años el 80% de la población mundial de estas tortugas desaparezca y que las pequeñas poblaciones de Ecuador pendan del hilo más fino.

Increíblemente, en 2008, cuando se creía extinta a la población ecuatoriana, la organización de investigadores nacionales Equilibrio Azul encontró una playa dentro del Parque Nacional Machalilla donde todavía anidaba la especie. Con el apoyo del Parque Nacional, se han hecho asombrosos esfuerzos por proteger a estas tortugas, a través de la investigación y monitoreo, lo cual ha ayudado a entender mejor su ecología y realidad natural.

La Playita, una bahía de rocas verdes, cubiertas de anémonas y algas, alrededor de la cual surge un bosque seco y se ensancha una playa de arena gruesa de solo 800 metros, es, quizás, el punto más al sur (y el único lugar en el Pacífico oriental sudamericano) donde anida la especie con regularidad. Todos los años, entre los meses de noviembre y abril, las quisquillosas hembras vuelven a desovar en esta playa que las vio nacer 50 (o más) años. Por qué lo hacen en esta zona y en una playa tan pequeña es todavía un misterio. Lo que sí está claro es que el Parque Nacional Machalilla es su abrigo y esperanza.

Las aguas y fondos marinos de este ínfimo rango, incluso en las mismas aguas de Puerto López, son también áreas vitales de descanso para las hembras y sitio de alimentación para juveniles. Cualquier alteración del ecosistema, así sea un pequeño movimiento de tierra, tendría un efecto devastador en el reducido grupo de careyes que nos resta en el mundo y que depende hoy más que nunca de nuestra conciencia y respeto a su entorno. La amenaza verdadera de desarrollar en la bahía de Puerto López infraestructura portuaria o turística importante, podría exterminar a la emblemática tortuga carey de nuestras costas y acelerar su proceso de extinción. Esperemos poder ser lo suficientemente sabios como para que ello no ocurra.

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