La Palma y el Loro

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Por: María Cristina Miranda

Para muchos feligreses, una de las visiones más pintorescas y representativas de la Semana Santa en Quito (y Ecuador) es la procesión de Domingo de Ramos, la que por décadas se ha celebrado con un fabuloso agitar de hojas de palma, miles de “manos verdes” saludando al aire el paso de los íconos religiosos de rigor. Te contamos por qué esta práctica no hacía feliz a todos y cómo se convirtió en motivo de lucha por salvar a dos especies singulares de los Andes ecuatorianos.

Domingo de Ramos: procesiones, religión, rendición y mucho folklore, todo acompañado de aquellos ramos rociados de agua bendita. Pero los ramos en Quito y mucho del Ecuador, hasta hace muy poco, no eran cualquier ramo, pertenecían a una familia de palmas muy rara que crece lejos de las iglesias y los conventos, en montañas vírgenes rodeadas de bosque y neblina.

Se trataba de la palma de cera, conocida en el decir de la terminología litúrgica popular como la “palma de ramos”, la que, con su familia de 12 especies, cumplía un rol fundamental para no sólo la secuencia religiosa, sino la estética misma de la celebración del primer domingo de la Semana Mayor.

Las vendedoras de ramos han hallado una variedad de alternativas a la tradicional palma de cera. PH: Yolanda Escobar

Los fieles se reunían en miles, cada uno con su hoja de palma, cada año igual. Estas palmas solamente crecen, viven, afloran y exponen sus magníficos troncos y ramos en los Andes. Es difícil imaginar palmeras en el frío y altura de un bosque montano, pues las palmas son sinónimo del calor, del agua de coco y de las olas de mar; pero la palma de ramos es una de las pocas que logra romper la barrera climática (y geográfica) de temperatura y altitud y alcanza los altos páramos, a aproximadamente 3.200 msnm.

Ceroxylan —el nombre de esta familia— significa “madera de cera” en latín. Su grueso tronco está recubierto de una capa de este material y la especie es cosechada y utilizada tradicionalmente para hacer velas. Sus frutos son nutritivos manjares para una gran variedad de aves (sobre todo para tucanes, loros y pericos) y también para muchos mamíferos que los encuentran cuando el fruto cae al suelo. El delicioso palmito, por su parte —ubicado en la médula del tronco— es predilección de los osos de anteojos. Y su ancho tronco, hogar para toda clase de especies de aves.

De las especies y taxones que dependen y están relacionados con la palma de cera, existe uno en particular, el Loro Orejiamarillo, que no puede existir sin ella.

Loro Orejiamarillo (Ognorhynchus icterotis) – PH: Murray Cooper 

El Loro Orejiamarillo, endémico de los Andes, come los frutos y utiliza el tronco de ciertas especies de Ceroxylon para hacer sus nidos. Su afinidad es tal que, si la palma desaparece, el “loro palma”, como se lo suele llamar localmente, también.

La palma demora mucho tiempo en brotar sus primeras semillas y los loros las dispersan. Pero los bosques montanos son cada vez más escasos y cada vez menos diversos. Han sido talados, quemados y convertidos en pastizales en muchos lugares.

Loro y árbol lo comparten todo y se mantienen mutuamente.

Las palmas Ceroxylon se encuentran únicamente en aislados parches de bosque andino y el Loro Orejiamarillo sólo habita una zona reducida entre Colombia y lugares muy puntuales en Ecuador. Y para colmo de desgracias, está el Domingo de Ramos, que durante décadas arrasó con la hoja de esta especie, con ello, poniendo a ambas especies en peligro de extinción.

Una luz al final del túnel

Fue una campaña de conscientización inusitada —agresiva, incluso— para proteger a ambas especies. El problema ya llevaba años de haber sido identificado y los científicos sabían que la suerte estaba echada si el Domingo de Ramos continuaba siendo excusa de explotación de la palma de cera, no sólo para procesiones en Quito, sino para procesiones a través del país.

Hoy, es muy evidente, en lugares como el Centro Histórico de Quito, que la rama de palmas de cera en las procesiones es casi inexistente. Gracias a enormes esfuerzos de investigadores, conservacionistas y comunicadores, el Domingo de Ramos se celebra con distintas hojas y hierbas, incluyendo el maíz.

“¿Los ramos deberán estar hechos de Palma de Cera?” reza uno de los comunicados del Ministerio de Ambiente. “¡NO!,” responde la misiva: “Tradición y conservación van de la mano”. Fuera de la procesión oficial organizada en el Centro Histórico, todavía existen rincones del país que continúan utilizando esta palma, pero, cada vez más, operativos controlan su uso con mayor efectividad. Sin embargo, el camino para la recuperación de las palmas y los loros que las aman todavía es largo, puesto que la verdadera amenaza para ambos es el hecho de que el bosque continúa siendo degradado y con ese trajín muchas llamas de vida se van apagando…

La conciencia medioambiental en Ecuador, entre sus muchas (difíciles) hazañas, ha logrado hacer del Domingo de Ramos, no sólo motivo de religiosidad, sino motivo también de conservación. Es a través de proyectos de concientización como este que podemos empezar a calar más hondo en el proceso de conservar todo aquello que realmente nos hace, como territorio, especiales… nuestra incalculable y asombrosa naturaleza.

Si podemos proteger la tradición al tiempo que protegemos nuestras especies, ¡quizás también podamos celebrar y proteger nuestros bosques como el Patrimonio Natural de la Humanidad que son!

Foto portada: Murray Cooper

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