Joyas ocultas: la Ruta del Spondylus

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A la costanera que inicia al norte de Salinas y continúa hasta la provincia de Esmeraldas le tienen el curioso nombre de Ruta del Spondylus. Es una carretera que se extiende por más de 600 km —entretejiendo su camino por playas, pueblos pesqueros y acantilados—celebrando al molusco endémico de nuestras costas del Pacífico.

Hace cinco mil años, en la península de Santa Elena, el Spondylus era apreciado como un objeto de gran importancia, utilizado en las figuras y máscaras funerarias típicas de la cultura Valdivia. Además de su belleza, el valor de la concha reflejaba la dificultad de obtenerla: buzos (sin tanques de oxígeno) descendían hasta 26 m bajo el agua para desprenderla de las paredes marinas. Fue además una proto-moneda para los habitantes de la región. Pero a partir de la conquista española, perdió toda cabida y sólo en este milenio, esfuerzos—incluyendo la decisión de cambiar el nombre “Ruta del Sol” por Ruta del Spondylus—se han centrado en utilizar a la concha como símbolo de identidad para las comunidades costeras del país.

Viajeros se trasladan entre los conocidos destinos de Salinas y Montañita sin detenerse, pero hay gemas ocultas que bien merecen una visita.

Más allá de Salinas

La costa se prende de un azul intenso: su mar aquí es la morada ideal de un cielo soleado, el cual capta un tono sin igual. Apenas dejamos atrás la última frontera del pueblito de Ballenita, todo es más azul. Pero si sólo fuéramos a detener el camino andado… Ballenita es hogar de estos colores mágicos y un chapuzón aquí, en sus cálidas aguas, es un placer. A veces, desde Salinas, vale desviarse 20 minutos hasta esta costa para aprovechar un rincón apartado con un poco de oleaje, sin que sea “bravo” ni la “piscinita” de Chipipe. Farallón Dillon es la estadía clásica de la zona, donde muchos alaban el delicioso bolón frito con maní, uno de los más nombrados de la costanera. También en el sector de Capay (sin virar hacia Farallón Dillon), hay simpáticos sitios de estadía (de poca disponibilidad a través de AirBnB) como Koko Pelli o Villa Aura. Esta playa es muy hermosa. El parque central de Ballenita —con su nuevo, simpático malecón— también ofrece buena comida en el pequeño restaurante esquinero Ecuaperú: el ceviche es su especialidad. Hay además cine al aire libre por las noches.

Aquí comienza nuestra travesía… con el corazón contento y visiones de un mar que, a cada curva del camino, nos llama.

En el pequeño pueblo de Palmar, al costado derecho de la Ruta de Spondylus, hay un proyecto en todo aspecto notable. Aquí opera la Fundación Neo Juventud. Fundada por un grupo de estudiantes, la organización involucra a jóvenes del pueblo en temas de conservación ambiental, salud e identidad cultural. El pequeño (humilde) Palmar no parece albergar mucho de interés (salvo su bonita iglesia). Pero cuenta con 50 hectáreas de manglar, el tramo más grande en esta parte de la provincia. El equipo de Neo Juventud ha sido capacitado para realizar visitas guiadas de este mágico ecosistema en kayak y barcos de pesca (en marea alta) o a pie (en marea baja). Además de los cuatro tipos de manglar (rojo, blanco, negro y amarillo), los visitantes verán aves anidando y la poca naturaleza que queda y que se conserva.

La fundación ha gestionado, además, un interesantísimo proyecto de cría y comercialización de ostras, realiza charlas de prevención de VIH (que han llegado a más de 11 000 personas), opera dos pizzerías comunitarias (ideales para después del recorrido por los manglares), maneja la reforestación de camaroneras abandonadas y un centro para capacitación en diseño gráfico.

A 6 km tierra adentro desde Palmar, Colonche parece el producto de la nostalgia, como si el asfalto y la nueva carretera pavimentada que llega hasta el pueblo lo hubieran sorprendido en su silencio de siglos. Evidencia principal de esto es la soberbia iglesia de madera, una torre altísima que nos llega de otros tiempos. Debes ingresar, observar su asombrosa construcción interna de vigas superpuestas, sentir la historia atrapada en su interior.

Colonche tiene una atracción singular: el Centro de Rescate y Conservación Rapaz Lana. Aquí, aves heridas —halcones, águilas, gallinazos y búhos— vuelven a la salud y, cuando es posible, son devueltas a la naturaleza. Los que no pueden ser liberados se convierten en residentes de toda la vida, como Lolo, un búho pigmeo con un ala rota. Algunas de las aves están entrenadas en el arte de la cetrería.  A un halcón de Harris lo están entrenando para atrapar palomas en el mercado de Salinas, donde son una plaga. El centro está dirigido por una pareja local, Erick Díaz Morán y Marcela Álvarez Cantos, quienes han diseñado un programa de educación ambiental centrado en las aves digna del asombro, un paseo extremadamente divertido y conmovedor que vale la pena hacer el desvío.

Pueblos con historia

Hay pocas bahías protegidas en la Ruta del Spondylus, pero Ayangue, justo al norte de Palmar, es una notable excepción. Atraídos por sus aguas tranquilas, familias acuden en masa los fines de semana y feriados a esta ensenada de arena blanca (para realmente aprovechar su paz, vale visitarla entre semana). Las actividades incluyen snorkeling, paddle-boarding, botes banana y avistamiento de ballenas (junio a septiembre). También hay una tienda de buceo PADI, Ray Aguila. Si quieres bucear, visítalos; en septiembre y octubre, mantarrayas gigantes se acercan a las costas. En alta mar, también existe la posibilidad de viajar hasta Islote El Pelado, además de nadar, bucear y hacer snorkeling en su reserva marina.

Existe una asociación de mujeres que vela por los restaurantes de mariscos en la playa. Si bien no hay mucho para vegetarianos, un plato de arroz, ensalada, patacones, chifles y menestra aplaca el hambre. Cuando van cerrando los restaurantes (alrededor de las 7 p. m.), los residentes acostumbran armar parrilladas en la calle.

Para hospedarse, Muyoyo Lodge (www.muyuyolodge.com), administrada por una familia que vela por el medio ambiente es una gran opción, al igual que la hermosa Nautilus Casa de Mare (www.nautilusea.com), con su restaurante que ofrece buena cocina italiana y peruana. Es necesario reservar.

Un par de kilómetros al norte del desvío a Ayangue, nos encontramos con Valdivia, un pueblo conocido por ser el hogar de una de las culturas más antiguas del continente. Las cerámicas hechas por los Valdivia datan de 3500 y 1800 a. C., y los puedes ver en museos a través del mundo. Considerando esto, el Museo de Valdivia es bastante humilde, las mejores piezas, por supuesto, extraídas hace mucho para embellecer otras salas, incluyendo la fabulosa Casa del Alabado en Quito. Pero puedes pasear por la exposición permanente con artefactos hechos por las diversas culturas que habitaron la península de Santa Elena, desde la época Valdivia hasta la conquista española; es un lindo paseo. Hay varios ejemplos de la famosa “Venus” de Valdivia, icónica figura femenina de estas culturas. En Valdivia, ceramistas de la familia Orrala realizan réplicas de esta Venus y máscaras, muy lindos recuerdos

Entre Valdivia y Libertador Bolívar se encuentra Playa de Bruja, donde es posible practicar parapente. Consulta www.opeturmo.com o el Facebook @ParapentePlayaBrujaEcuador para más información.

Los colores de la costanera

Libertador Bolívar es el lugar ideal para comprar artesanías hechas con materiales nativos como la paja toquilla, tagua (marfil vegetal), fibra de tallo de plátano, bambú y madera. Las tiendas que bordean la carretera venden una amplia gama de sombreros, cestas, manteles, lámparas, bolsos y artículos de decoración para el hogar, todos hechos por artesanos locales. Libertador Bolívar también ofrece la más amplia selección de hamacas de la provincia, lo que lo convierte en un pueblo muy colorido.

En plena carretera, puedes hacer escala en Casa del Sombrero, un familiar con restaurante y bar en la playa. La decoración es llamativa, con muebles pintados a mano por un joven artista del lugar. En el restaurante de la playa, que está lleno de plantas y hamacas, las especialidades incluyen camarones de coco y ceviche. Bodyboards y kayaks están disponibles para el alquiler. Carlos Floreano, quien dirige el lugar con su esposa Mónica, puede llevar a los visitantes a ver su granja orgánica, donde cultiva limones, naranjas, piña, aguacate y plátano. Es una fuente de información sobre la zona. Ver www.lacasadelsombrero.info o contactar al +(593 9) 93 49 1185 para más información.

Si vienes el día correcto y subes el tramo de escalones que sube la colina detrás del Libertador Bolívar, encontrarás una verdadera joya. Aquí, tres generaciones de mujeres usan un enorme horno de barro de leña para hacer galletas de maíz de acuerdo con una receta ancestral que su abuela le enseñó a su abuela… Estas galletas son una especialidad del recinto y solo cuatro de los hornos gigantes todavía existen en toda la zona. Las mujeres hornean las galletas tres días a la semana, vendiéndolas (a pie) en los pueblos aledaños durante los otros cuatro días. También hacen chifles.

El pueblo vecino al norte de Libertador Bolívar es Cadeate. Se lo conoce como el pueblo de los panaderos, pero todos excepto uno han migrado al horno a gas. Solo Lorenzo Figueroa, en Panaderia Jaquiline, usa un horno de barro tradicional de leña. Atrápalo en un momento tranquilo y felizmente te contará que aprendió a hacer pan con los ancianos del pueblo cuando tenía 10 años. ¡Ya estaba despierto a la 1 de la mañana para hornear sus panes y hacer el viaje de ida y vuelta de 18 kilómetros a pie para venderlo de mañanita en Dos Mangas!

Nicho de manglar

El pequeño y tranquilo pueblo de Manglaralto recibió su nombre por el hermoso (y espigado) manglar que lo rodea. Su malecón es un gran muro hecho de grandes piedras, que contrasta frente a la mayoría de malecones de estas playas, con sus adoquines y parqueaderos. Además de la larga y tranquila playa que se extiende hasta Montañita, hay un par de buenos lugares para comer. Para una vista panorámica del manglar y excelente cocina local servida por una familia amigable, visita Punta Manglar. El menú ofrece platos típicos costeros como el ceviche y pescado a la parrilla, pero la especialidad es el bolón (que, obviamente, se sirve mejor con huevo frito). Hay opciones vegetarianas también, que incluyen un burrito.

Otra opción es Pizza Di ’Alegria, una cabaña de madera en el centro del pueblo que abre los fines de semana para ofrecer buenas pizzas. El amable propietario inició el negocio con una pizza móvil —un triciclo— antes de hallar un lugar permanente. Es un verdadero foco de actividad en un pueblo por lo demás silencioso.

Los domingos por la mañana hay un pequeño mercado orgánico en el parque de Manglaralto, uno de los mejores lugares de la zona para conseguir productos artesanales como cacao crudo, café y miel. También se pasea un señor con toda la caterva de bocados hechos con maíz: galletas saladas, tamales, humitas y los famosos “gorditos de maíz” a la parrilla, calientes y rellenos de queso. Los vendedores vienen del pequeño pueblo interior de Sitio Nuevo y traen frutas, verduras y huevos orgánicos.

La vida nocturna de Manglaralto es prácticamente inexistente (¡para eso tendrás que visitar el pueblo vecino de Montañita!), pero en temporada alta hay un encantador bar en el malecón. Ocaso ofrece excelentes cócteles y vistas espectaculares de la larga franja de playa del pueblo, un lugar ideal para presenciar el atardecer.

Contactos

Tours de manglar en Palmar con Neo Juventud
Reserva a través de Whatsapp con dos días de anticipación:
+593 98 641 9183 / +593 99 329 7031
FB: /fundacion.neojuventud
www.neojuventud.blogspot.com

Centro de Rescate Conservación Rapaz Lana
El centro está abierto todos los días de 10 am a 4 pm y es gratuito, aunque las donaciones son bienvenidas.
+593 99 674 3105
FB: Centro de Rescate «Conservación Rapaz Lana»

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