Jacchigua es Ecuador

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Este es un viaje al corazón del mundo diverso de Ecuador.

Las luces caen azuladas y tenues sobre la escena: mujeres y hombres se arrodillan, se levantan, giran, desaparecen, se multiplican. Las faldas de colores encendidos vuelan, los peludos zamarros hacen cabriolas; en las máscaras de los danzantes, durante segundos apenas, se reflejan destellos dorados y turquesas; la armonía de su baile llena el aire y los ojos de los espectadores se pierden en la infinita belleza de sus texturas.

Es la atmósfera, el movimiento, la emoción, los aplausos, el latir, la expectativa… es la vida misma manifestándose. Movimientos y voces que hablan de memorias que no mueren, de tradiciones que regresan, de identidades recuperadas que, desde hace más de 50 años, se difunden entre telas de increíble colorido, sonrisas inesperadas y pasos de baile con alma.

Se trata del grupo de ballet folclórico nacional Jacchigua, declarado en 2006 como el único museo viviente del mundo y reconocido como Embajador Cultural del Ecuador. Las historias vivas que Jacchigua cuenta en plazas, teatros y jardines del mundo entero son su forma de promocionar la cultura ecuatoriana, desarrollando productos que trascienden, que no se olvidan, que cuestionan… que recuerdan esa herencia que tendemos a olvidar.

Este sueño empezó mucho antes, allá por los 40 cuando Rafael Camino llegó a este mundo en la comunidad Pilligsillí, bajo la protección y mirada del colosal Cotopaxi. Hijo de madre analfabeta y padre agricultor, es el sexto de siete. Cuenta que su crianza fue distinta a la de sus hermanos: él pasó mucho tiempo junto a los hijos de la señora que lo amamantaba y cuidaba mientras su madre trabajaba. Todos ellos eran indígenas por lo que Rafael se siente como parte de esta cultura, a pesar de su piel y ojos claros, heredados de su padre.

Jacchigua viene de la palabra kichwa Jachima, el nombre de la gran fiesta que se hacía cuando levantaban los granos en la Hacienda La Compañía. Era la única celebración donde los patrones tenían que cargar las cruces de mazorcas de maíz y collares de papas: Rafael conserva recuerdos de estas fiestas.

También recuerda que a los 7 años se fue de su casa y empezó a hacer su camino, el cual siempre estuvo relacionado con el baile. Participaba en las fiestas de su comunidad y entre los personajes, los trajes y las historias, Rafael encontró la riqueza identitaria que se esconde en estas expresiones. A lo largo de su vida, fue encontrándose con manos amigas –como las de José Vicente Mantilla del Teatro Bolívar, las de Hernán Crespo y las de Eduardo Proaño, de Metropolitan Touring— y los sueños siguieron creciendo. Hoy en día, es la cabeza de una de las compañías ecuatorianas de ballet más reconocidas del mundo.

Las historias que Jacchigua representa tienen una fuerte carga de legado: las fiestas sagradas, las ceremonias, las formas de vida, las creencias de nuestros pueblos… Pero también se inspiran en la propia vida de Rafael. Su abuelo fue mayordomo de hacienda, y de pequeño su padre también (de esto se enteró conversando con la gente de su zona, mientras recogía datos e inspiración para sus obras). La carga emocional que esto representó queda claramente retratada en su obra Huasipungo. Como dice Rafael: “para esa obra yo no me inspiré en el libro de Jorge Ycaza; me inspiré en mi propia historia, en mis memorias y descubrimientos”.

Fotografía: Jorge Vinueza

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