Helados de Salcedo: El último bastión en la plaza

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Alguna vez llamados “helados de la monja”, esta deliciosa receta fue creada por la franciscana Rosa María Durán: crema, pulpa de fruta natural y la cantidad justa de dulce.

Han pasado cuatro generaciones desde que fueran inventados los “helados de la monja”, hoy reconocidos por todo el Ecuador como los tradicionales helados de Salcedo. En la actualidad, aun existiendo decenas de sitios que lo fabrican, uno solo mantiene la receta original. El local está ubicado al frente de la plaza, en el costado sur de la misma, y pertenece a la familia de Jaime Jijón y Marina Franco. Una vez que fallecieran las hermanas Paredes, que también fabricaban el helado original, ya no queda nadie más que guarde el secreto de su delicia.

Todo empieza con el palito que sostiene el helado, que de por sí es “el que es”. Luego está la fruta fresca. Mandarinas peladas en un balde, mangos en trozos, semillas de taxo cernidas, naranjilla sin pepa… que esperan su turno en un rincón del local para entrar en una máquina que los convierte en el elixir cremoso y untuoso que recuerda a los mejores placeres de la infancia. En una gran nevera, hacia la entrada del local, esperan, en su característica forma de vasito, cientos de helados.

Los sabores individuales son populares. También la combinación guanábana y mora. Pero el clásico, el inolvidable, es el que cada salcedeño recuerda desde pequeño, en capas, seis sabores, en este orden: coco, mora, mango, taxo, naranjilla, mora (repetido) y leche, una bandera de delicias que a medida que va derritiéndose en la boca, va transformándose, abriendo paso a nuevos sabores frescos e intensos.

La tradición local ha sufrido un desmedro con la llegada de la E35, la vía que eliminó el paso de quienes antes debían cruzar el pueblo para continuar hacia el sur. Muchos heladeros han optado, entonces, por tomarse las esquinas de la carretera para ofrecer el producto. Sin embargo, el alma de este helado sigue en el corazón del pueblo. No dejes de visitar la heladería y mantener viva la tradición.

Foto de portada: Jorge Vinueza

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