Hacienda Manteles: Con un volcán al final del jardín

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Hacienda Manteles:

Con un volcán al final del jardín

No es un hotel más. Esta es una casa de familia que abrió sus puertas para compartir con los demás su mágico entorno frente al poderoso Tungurahua, un lugar creado y alimentado con el corazón para hallar descanso… un descanso absoluto.

De chiquita, María Clara Durán gozaba los veranos. Cosechaba las manzanas y los choclos. Ordeñaba la leche de vacas y ovejas y correteaba por el bosque, hoy en día uno de los grandes orgullos de Hacienda Manteles, un bosque que protege con su proyecto turístico y por el cual, este año, recibió el World Travel Award de Mejor Hotel Ecológico del Ecuador. Los recuerdos de María Clara, en todo caso, son profundos y siguen intactos, y son el motive por el cual Manteles se ha convertido en un retiro de clase mundial.

Con su vista prodigiosa de uno de los volcanes más activos del mundo y su gloriosa naturaleza vinculada a la impenetrable y siempre verde extensión de los Llanganates, Hacienda Manteles es un lugar para dejar atrás los trajines del día a día y, en este mundo actual que tanto ha hecho por desconectarse de la naturaleza, la estrategia para hacerlo es simple. Requiere, desde su concepto inicial, de una filosofía de conservación, de un deseo de proteger tradiciones, valores y ecosistemas para la posteridad, algo que nadie más pensó era importante cuando los padres de María Clara –César Durán y Guadalupe Calisto, mentores del proyecto –decidieron hacer de ello su objetivo de vida. Ahora, gracias al tiempo, Hacienda Manteles ofrece algo que pocos lugares pueden ofrecer.

“Aquí uno escucha los pájaros en la mañana, siente el abrazo del aire puro, llega a una cascada y puede beber del agua cristalina de vertientes limpias y naturales,” explica con emoción María Clara: “aquí uno se reconecta con su paz interior.”

Es a través del cariño que esta familia tiene hacia su terruño que Manteles conserva un espíritu tan especial. Todavía se ofrecen las recetas hogareñas de Guadalupe, preparadas con ingredientes frescos del huerto orgánico. Lo que no se consigue aquí, se obtiene localmente, de comunidades vecinas que producen de todo. Las actividades, en sí, también nos remiten a otras épocas, cuando la propiedad era aún una casa de campo adosada a un fabuloso bosque primario. El ordeño; la cosecha y siembra del huerto; el viaje en tractor por la propiedad y las comunidades cercanas; caminatas cortas a la Cascada de Payacucho o más largas, a maravillosas extensiones de páramo abierto; las cabalgatas que pueden ser de 15 minutos a tres horas… actividades que, además, pueden ser adaptadas a familias con niños y ofrecen una excelente oportunidad para legarles experiencias distintas e inspiradoras.

Son 22 habitaciones en Hacienda Manteles. Cada una cuenta con su estilo, desde las más rústicas y tradicionales ubicadas en la casa central con hermosos pisos de madera a las modernas suites con una fabulosa vista panorámica del Volcán Tungurahua e hidromasajes en el baño.

Ello es complementado con cursos de cocina, servicio de masaje y salidas a ver aves: Manteles es parte de la eco-ruta Kuripishku y ha sido nombrada por la Fundación Birdlife International como un IBA (Área Importante de Aves) a nivel mundial.

A la sombra de su centenario eucalipto, sembrado por “la abuela” antes de que existiera la casa y, como alguna vez dijo una querida huésped, con “su volcán al final del jardín”, Manteles es un oasis de naturaleza rodeado de calidez familiar y paz exterior… e interior.

Contacto

Km.18 vía Baños-Patate por la ruta ecológica.

+ (593 9) 8821 9095

+ (593 2) 254 9559

Martes a domingo 9 a.m. a 7 p.m.

info@haciendamanteles.com

www.haciendamanteles.com

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