Guano, ¿dónde están los talleres?

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Las calles de Guano son angostas y largas, las casas, bajas con ventanas-balcones y techos de teja. En la plaza se ven alfombras, zapatos, ropa. Mucho de esto ya no se hace en Guano, pero permanece como una fachada de lo que se hacía y como una invitación a buscar a aquellos que aún lo hacen.

Cuando en Guano se pregunta por las alfombras de fama internacional, la gente dice, “vaya donde Allauca Pancho”. Después de que falleciera en 2011, su taller “El Teñidero” quedó en manos de su hijo, Luis Alfredo, que continúa tejiendo y buscando, cada vez con más dificultad, mercado para vender su producto hecho a mano.

Entre la luz de un foco y una vela un zapatero cose mientras cuenta que antes su taller albergaba hasta 15 obreros. Hoy solo tres le bastan. Utiliza la primera máquina de coser que compró a plazos y en sucres, y juró nunca volver a comprar una y endeudarse. La máquina le sirve hasta ahora y el oficio nunca lo abandonó.

Clásica alfombra de Guano.

Ya no hay, en Guano, un taller en cada casa, como antes. Por eso, los talleres que todavía quedan son aun más valiosos; son muestras de resistencia a la Revolución Industrial que, aunque tarde, sigue llegando a cada rincón. Ya pocas casas le cierran la puerta.

Un recorrido breve por las calles conduce al Monasterio de la Asunción, una construcción Colonial de 1572. Durante el terremoto de 1949 se perdió mucho de ella, pero todavía se aprecian las paredes restauradas de la antigua iglesia y las esculturas de los monjes del monasterio. Junto a las ruinas se encuentra un pequeño museo donde, además de conocer la historia de Guano, se puede ver a la momia de Fray Lázaro de Santofimia, el primer guardián del convento de la Asunción. Data, también, de 1572 y fue encontrada en una vasija entre los restos del monasterio el año del terremoto.

Pocos telares quedan.

Más allá de la fama artesanal y el paseo por este pueblo histórico, está la fama de la frita- da, los chorizos y la chicha huevona (prepara- da con cerveza, alcohol de caña y huevo). En la plaza se ven también muchos letreros que ofertan las famosas “cholas”. El lugar donde se originaron estos panes rellenos de panela es la casa de Mariana Guamán. Su hija mantiene el gran horno de leña y a las 11 de la mañana y 4 de la tarde saca este pan irresistible. Lo mejor es pedir 1 dólar de cholas o empanadas (5 panes) para quedar satisfecho.

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