Gualaceo: Ruta de artesanos

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Se suele acceder al pueblo de Gualaceo por la vieja carretera Panamericana con destino a Azogues; éste es el trayecto común. Pero es posible, también, andar el caminito de montaña al sur, hacia la parroquia de Santa Ana (también conocida como la Vía al Valle), y pasar por San Bartolomé. Esta ruta escénica, que se dice atraviesa el hervidero de la Creación de acuerdo a un antiguo mito Cañari, ofrece fabulosas vistas del relieve escarpado que caracteriza a los alrededores de Cuenca.

San Bartolomé, con su sencilla iglesia, su cancha comunal de cemento que se repleta el fin de semana, sus esculturas urbanas de guitarras, sus pequeñas calles sinuosas y casas bonitas, básicamente cuelga de la montaña. En algún momento, el pueblo era reconocido por sus muchos artesanos de guitarra, aunque sólo pocos talleres permanecen. Más adelante, hacia el este, a lo largo de un camino terroso que se bifurca 
a la izquierda, encontrarás más talleres de guitarra, la más conocida donde Homero Uyaguari. Si tienes suerte y está en casa, su hijo rasgará clásicos del repertorio ecuatoriano. Lamentablemente, el maestro guitarrero «no le hace».

Foto: Jorge Vinueza.

Este camino de tierra desemboca en la carretera principal a Chordeleg y Gualaceo (hacia el norte) o Sigsig (hacia el sur). Sigsig, a sólo unos diez minutos, es un pueblo sorprendentemente atractivo, con una llamativa torre de cúpula azul, visible desde cualquier parte, y un número de casas de aspecto moderno (y algunas más viejas pero agradables, también), que pueden llamar la atención. La razón principal de visitar el pueblo, sin em bargo, es el antiguo hospital que se encuentra al salir de
la aldea, donde hoy opera la Asociación de Toquilleras María Auxiliadora, productoras del flamante Patrimonio Intangible de la Humanidad, la paja toquilla.

Acá
 abundan los sombreros en pilas, al punto que pueden
marear. Hay otros destinos escénicos no muy lejos, a
lo largo del río Santa Bárbara, incluyendo la playa de Zhingate (un sitio popular durante Carnaval), asimismo
se puede viajar al fabuloso Lago Ayllón, que según el 1651 historiador González Suárez fue cúspide sagrada de la cosmovisión cañari.

De hecho, quien esté interesado en
el legado ancestral del área debería empezar por las
 Ruinas de Chobsig, al noroeste de Sigsig. En la antigua 1557, en la fortaleza Zhabalula —una estructura de piedra en medio de valles quebrados— dicen que reinó el legendario Duma, un poderoso cacique que presuntamente compró
la zona entera con diamantes y la defendió con éxito
 de los batallones imperiales incas. Chobsig cuenta con
una pequeña cueva y un humilde museo con hallaz-
gos fascinantes, incluyendo esferas de piedra, fósiles, conchas, dientes y cráneos, cerámica y herramientas.
 El Barranco es un cómodo hotel en Sigsig para quienes planean permanecer en la zona.

Chordeleg.

De regreso al norte, se llega al pueblo de Chordeleg. En la actualidad está pasando por un revestimiento general, pero pronto volverá la vida normal de este pueblo apaci- ble abarrotado de tiendas de joyas en filigrana, (más de veinte locales). El Gran Hotel Zhirogallo ofrece aloja- miento, un pequeño museo sobre la orfebrería y uno de los mejores restaurantes en Chordeleg, la Pampa Mesa. También se puede andar 2 km. al este hacia La Unión, hasta el río Tamauté y los legendarios meteoritos de Pungohuayco, rocas enormes que se pueden escalar o simplemente admirar en un entorno apacible.

Sobre la carretera principal, llegamos al pueblo más
 importante de la zona, Gualaceo, el llamado Jardín del Azuay (te darás cuenta de los esfuerzos de jardinería en la plaza central). Hay varias construcciones patrimoniales con techos de teja artesanales y paredes de bahareque. El edificio de la Municipalidad, al frente de la plaza, es probablemente el más relevante del pueblo; a simple vista uno nota los grandes balcones coloniales en madera, pero es la historia de la estadía de Bolívar antes de su decisiva Batalla de Junín lo que verdadera- mente llena de orgullo a los gualaceños.

Otros lugares de interés arquitectónico incluyen algunos puentes o el acueducto de 200 años de antigüedad. El mercado del domingo es la mayor feria de pueblo en el área, y arte- sanías abundan en tiendas esquineras con cerámica, bordados, paja toquilla… incluso una industria naciente de calzados que se ha desarrollado en los últimos años.

La unión de los ríos San Francisco y Santa Bárbara se ha convertido, también, en una zona importante de recreación. Hay varios lugares por visitar al norte de Gualaceo, en el camino de regreso a Cuenca, a saber: el orquideario 
más grande e importante del Ecuador, Ecuagénera, el Parque Acuático Planeta Azul (una atracción familiar de fin de semana, popular entre los citadinos), y en el 
pueblo de Bullcay, el taller de macanas de José Jiménez (p.80), que realmente no querrás perderte.

Esta ruta se puede, por supuesto, realizar a la inversa, a partir de aquí y terminando en Sigsig, o San Bartolomé. Así, quizás no llegues a conocer los sinuosos caminos, la quebrada realidad del paisaje cuencano, pero la ruta más corta y directa a Gualaceo es, sin duda, más conveniente por tiempo. La zona en sí cuenta con hosterías, haciendas y las casas de «veraneo» de muchos cuencanos.

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