Festival de colibríes

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Escrito por: Ilán Greenfield

Fotos: Murray Cooper

Los colibríes pueden contarse entre las criaturas más sorprendentes del mundo natural. Junto al ornitorrinco o el axolotl (ese extraño pez con bracitos), el colibrí no sólo es un ave hermosa, es un prodigio de la naturaleza.

Su vuelo es más versátil que un dron, su pico un alfiler, sus plumas cambian de colores como el prisma de un cristal. Una de las primeras personas en estudiar con atención a estas aves fascinantes (el jesuita ecuatoriano Juan de Velasco en los años 1770) creyó, incluso, que no eran del todo vivientes. Que eran extraños híbridos entre una piedra preciosa y un pájaro.

¿Una piedra viviente?

Aunque no lo crean, esta conclusión no eran invento de un loco. Era, en realidad, producto de una aguda observación, puesto que cada noche el ritmo cardiaco de estas avecillas baja a casi nada y el cuerpo se enfría y endurece como una piedra. Una piedra centelleante, que cuando sale el sol, abre de pronto sus pepitas de ojitos, agita las alitas, espabila el cuerpo y como acto de magia, desaparece al vuelo. Ahora sabemos que este proceso —que se conoce como el torpor —es natural, necesario para que el ave sobreviva.

Los hay de picos como sables, de picos extremadamente curvos, picos pequeñitos como una astilla, colas que parecen cerdas o con raquetas en las puntas. La variedad parece inventada por un artista enturbiado por alucinógenos.

Giros en el aire

Como la vida del colibrí no hay ninguna. Ningún animal gasta tanta energía durante sus horas despiertas: zumbando en el aire de un lado a otro, volando como un torpedo en miniatura, aleteando más rápido que un ventilador (son más de 80 aletazos por segundo los que realiza el colibrí en el aire para lograr todas las piruetas que realiza). Su cuerpo provoca un estado de descanso tan extremo durante la noche, precisamente para, durante el día, convertirse en el volador más espectacular, versátil y asombroso que la vida en la Tierra haya producido.

– Colibrí Gigante, el colibrí más grande del mundo –

Vuelan para adelante, para atrás, al revés (sí, con la cabeza hacia el suelo), pueden suspenderse en el aire durante varios segundos o ir de un lado del bosque a otro en el mismo tiempo. Y la diversidad, claro, hace que algunas vuelen mejor que otras. No todas las especies son diminutas. Hay algunas más grandes con aletazos casi visibles —mucho más lentos que los más veloces colibríes cuyas alas se mueven tan rápido que son imperceptibles a los ojos —y aun siendo corpulentas son capaces de hacer muchas de las mismas acrobacias. Las estrellitas, por otro lado, parecen abejas cuando vuelan y son las especies más pequeñas, no más grandes que un pulgar.

Entre 130 y 140 especies de colibríes habitan en Ecuador.

Lo más apasionante es que esta fiesta de colibríes se da cita todos los días y que todos estamos invitados a presenciarla. Podemos sentarnos a verlos volar, podemos mirarlos de un ángulo y luego de otro para ver cómo cambian de color sus resplandecientes gorgueras, colas, crestas y en algunas, hasta sus alas… Nos podemos acercar tanto como para verles las pestañas… sin necesidad de binoculares. Esto es gracias a los cientos de lugares a través del país que colocan bebederos de colibríes en sus jardines.

Al momento de pararnos frente a estos bebederos, nos damos cuenta que algunas aves se parecen y otras no. Vemos las colas de raqueta, las borlas que recubren los piececitos como algodón, vamos notando que uno tiene un pecho blanco como la nieve y otro, hombreras anaranjadas. Unos el pico larguísimo y otros la cola larguísima, turquesa… o morada… Depende del bosque. Depende de la altura. Depende del ecosistema. Del hábitat. Son ciento treinta y algo de especies. En algunos lugares se observan más de veinte especies, en otros menos de cinco… pero con un libro de Aves del Ecuador o la guía fotográfica de Colibríes del Ecuador, podrás empezar a entender qué es qué. ¡Te desafiamos a ver cuántas especies encuentras!

– Batalla campal entre dos Colicerdas Verdes (machos, por supuesto) –

Tour de bebederos

Estos son algunos de los bebederos más renombrados de los distintos hostales y lodges del país, donde podrás empezar tu lista (con el número regular de especies que los visitan; recuerda que las especies varían según el ecosistema).

Páramo y bosque montano y chaparro

Antisana: Tambo Cóndor (6 especies)

Ecoruta: Reserva Yanacocha (10 especies)

Zona Templada

Papallacta: Guango Lodge (12 especies)

Cosanga: Cabañas San Isidro (12 especies comunes entre 34 especies en total)

Vilcabamba: Tapichalaca (18 especies comunes entre las 29 especies en total)

Macara: Reserva Utuana (7 especies)

Ecoruta: Bellavista Cloud Forest (14 especies)

Subtrópicos y estribaciones

Sumaco: Wildsumaco Lodge (25 especies comunes entre las 45 especies en total)

Zamora: Copalinga Lodge (20 especies comunes entre las 31 especies en total)

Nanegalito: Alambi Cloud Forest Lodge (15 especies)

Vía Calacalí – Nanegalito: Los Armadillos Café (12-15 especies)

Vía Mindo: San Tadeo Birding y Sachatamia (14 especies)

Milpe: Milpe Bird Sanctuary (24 especies)

Los Bancos: Mirador Río Blanco (8 especies)

Mashpi: Reserva Amagusa (10 especies)

Muchas hosterías, lodges, restaurantes y cafés en Mindo también cuentan con bebederos.

Fotos cortesía de murray cooper

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