El Paraíso tiene aroma a chocolate

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Dos cucharaditas de azúcar morena endulzan el té de cacao que prepara la familia Sandoval. La mesa se sirve acompañada de chocolate caliente y tortillas de yuca, todo con alimentos cosechados en El Paraíso, una finca ubicada vía a indichuris en Pomona.

Roberto es el dueño. Junto a sus nietas se prepara para mostrar el principal atractivo: preparar chocolate amazónico. Si algo abunda en estas tierras es el cacao, pero también crece el plátano, la yuca y la sigta, una fruta local similar a la granadilla que contiene propiedades medicinales.

Es impresionante para quien nunca ha partido una mazorca en la mitad y piensa en lo que representa el chocolate como ingrediente. Pulposa y dulce, refrescante como cualquier fruta tropical, uno se contentaría con ello. Pero para llegar al secreto del chocolate, hay que buscar más a fondo y trabajar. Para Roberto, la explicación es simple: “se come la pulpa primero y luego se saca lo sanito para tostarlo”.

Descubre todo el proceso: recolección, muela y tueste.

A fuego alto, en una gran paila de bronce, se colocan las pepas. Una vez que el cacao está café se separa la cáscara. El proceso se disfruta en familia, en una gran mesa junto al comedor, con un loro que comenta desde el techo. Roberto prepara el molino para las pepas que con agilidad pelan sus nietas.

De uno en uno, se va colocando el cacao en la máquina de metal. El aroma es delicioso, tan natural como el lugar donde creció. Las pequeñas tiras que se desprenden del molino servirán para realizar distintos productos como barras de chocolate, té e incluso vino. Este último tiene un color blanco, casi transparente. Su aroma es dulce pero su sabor es fuerte, un contraste de sensaciones.

A María Vilma Martínez y Medardo Sandoval los visitan de todo el mundo.

Johnatan, hijo de Roberto, llama al comedor. En la cocina hay un inmenso recipiente repleto de masa de yuca para las tortillas. “Afortunadamente desde hace cinco años empezamos con la idea y nos ha ido bien” explica mientras coloca dos tazas sobre la mesa. Una tiene un rico chocolate caliente y la otra un té de cacao que es un poco amargo y que Johnatan sugiere endulzar. Las tortillas están rellenas de un delicioso queso que se derrite en la boca; incluso los lácteos son producidos por la misma familia.

Una pequeña guía por los sembríos de El Paraíso concluye la visita. Además de una diversa vegetación, el lugar acoge tranquilidad. Animales de la selva, especialmente aves y mariposas, acompañan estas cortas caminatas. Con un poco de suerte el atardecer puede caer despejado, repleto de colores que cubren los campos de cacao y el resto de alimentos que hacen que esta pequeña finca amazónica se apropie dignamente de su nombre.

María Vilma Martínez en su campo de cacao.

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