El Chaquiñán, en estado puro…

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Quizás muchos de nuestros lectores ya conozcan el famoso “Chaquiñán”, sobre todo, desde su más evidente “puerta de entrada” en Cumbayá. Yo también lo he recorrido cientos de veces. Es fascinante cómo te saca de la rutina de la ciudad… y tan cerca.

Pero si quieres realmente salir de la rutina, realmente sentir, vivir, gozar del “Chaquiñán” en Quito, te tengo este dato para hacer de la experiencia algo inolvidable…

Un camino escénico

El Chaquiñán es uno de los senderos más bonitos de Quito, conectando las tres parroquias rurales (Cumbayá, Tumbaco y Puembo) del valle nororiental de la ciudad. Son 21 km sobre lo que antiguamente era la vía de tren (hoy en desuso) que conectaba la capital con la estación de Otavalo. Hay este lado histórico del paseo, sin duda, aunque, por lo general, la gente lo que quiere es aprovechar el entorno para hacer bici, caminar, rodearse de árboles, escuchar y ver aves y, claro, respirar un poco de aire puro.

Ahora, son pocos los «chaqui-ñaneros» que jamás llegan hasta el final, su “salida” en Puembo, y es ahí precisamente donde vamos a darle vuelta a este guión, porque es ahí donde te sugiero comenzar.

La increíble Hacienda San José de Puembo es el lugar ideal de partida. El chaquiñán literalmente está pegada a la propiedad. Uno puede llegar temprano, traer su bicicleta, dejar el auto en el estacionamiento y simplemente, como quien dice: “salir por la puerta” (¡sin mencionar la posibilidad de una estadía de lujo y súper romántica!).

Sales por un pequeño arco y a tu izquierda, nos encontramos en uno de los sectores menos visitados de este sendero singular. No hay las multitudes que se forman, ni el ajetreo (ni venta de aguas y helados) que uno encuentra en Cumbayá.

Si quieres un verdadero momento íntimo con la naturaleza, no hay comparación: hay que empezar en Puembo. Las aves te acompañan en tu paseo de principio a fin, sea en bici o caminando, y los árboles te dan la sombra ideal en días calurosos.

Aprovecha un gran lugar para el descanso

A la vuelta de hacer deporte y sentir la pureza de un delicioso momento en la naturaleza, quizás ya sientas el cansancio y, sobre todo, un poco de hambre, las circunstancias necesarias para aprovechar el resto del día en San José.

La hacienda está equipada y preparada para toda petición (¡hasta una cocina separada para servir comida kosher!). Cuenta con piscina, un hermoso Jacuzzi y su spa, con todo surtido de masajes.

Para el almuerzo, San José de Puembo cuenta con todo tipo de opciones, un menú completísimo que incluye platos vegetarianas y varios clásicos que fusionan la cocina nacional con cocciones y modos de preparación gourmet. No te lo puedes perder.

El día pasa rápido en la primavera eterna de Puembo, disfrutando de estos magníficos jardines con árboles centenarios y todas las amenidades para disfrutar.

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