El bajo fondo de Fátima

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Hubo un tiempo en que la selva que conocemos hoy no existía. Mejor dicho, estaba bajo el agua. Fue durante esta transición que las fabulosas estructuras de roca se formaron. Parecen sacadas de un mito, pero los fósiles de sus paredes son prueba de que siempre estuvieron aquí… mucho antes que nuestros antepasados.

Fátima es un pequeño poblado en las cercanías de Puyo. Se trata de un lugar que guarda su encanto en los recovecos de la selva, a las orillas del río. Quizás las más llamativas son las Cavernas del Río Puyo, que desembocan en auténticas ‘entrañas’ de la tierra.

Juan Carlos López es de los pocos habitantes del lugar. Es guía y su misión aquí es imprescindible, porque el sendero hacia las cavernas está señalizado nada más que por su vegetación. Linternas, cascos y botas son necesarios para la aventura y Juan Carlos lo tiene todo.

El recorrido de aproximadamente 6 km se acompaña con la fragancia de cedros, copales y canelos, árboles autóctonos que marcan el camino, un camino que no es para todos, si consideramos que empieza de día y puede finalizar, a la vuelta, con la puesta del sol.

Hay distintas entradas a las cavernas.

Bocas de selva

Un poco cansados pero emocionados, escuchamos a lo lejos la señal de Juan Carlos para preparar las linternas. De repente, las entradas a las cavernas empiezan a asomarse.

Las estructuras son majestuosas. Para entrar en ellas, se requiere, además que de un poco de coraje y valentía, de técnica. Hay que saber hacia dónde y cómo avanzar. A medida que la oscuridad se apodera del camino, esto se vuelve más difícil. Las formas de las rocas se van moldeando hasta convertirse en estalactitas y estalagmitas, comunes en este tipo de formaciones subterráneas.

No somos los únicos aquí. Hay arañas y murciélagos, a primera vista. A medida que uno avanza en el laberinto, hay caminos que se bifurcan. En algunos, por su tamaño, es imposible entrar, dejando rienda suelta a la imaginación sobre lo que en ellos habita.

Los corredores de las cavernas llegar a desaparecer en lugares que son inaccesibles para los humanos.

Guiados nada más que por las direcciones de Juan Carlos, uno sólo espera lo inesperado. Aquí existen lugares mágicos: escondites para practicar esnórquel e incluso una pequeña cascada… bajo tierra. El agua del río ingresa con fuerza por temporadas y puede llegar a una altura de hasta 5m, por lo que solo es posible visitar las cavernas durante condiciones climáticas favorables.

De manera intrépida Juan Carlos avanza hacia la salida. Se cuelga de una gran roca y ayuda al resto a completar la hazaña. Dice que desde pequeño nunca tuvo miedo al lugar y que, por el contrario, explorarlo ha sido siempre su pasión. Una vez en la superficie este sentimiento se contagia. Uno quiere volver, pero es tarde y tendremos que esperar para otra ocasión.

Una cascada curativa

Hacemos un desvío hasta la enigmática fosa de los chamanes, una pequeña cascada que desemboca en un lago donde Juan Carlos cuenta se hacían limpias y todo tipo de ritos ancestrales. La energía del lugar es particular, es un punto específico donde la señal de los aparatos electrónicos se desvanece. Las aguas son refrescantes y comparten de su fuerza para retornar al punto de inicio que, desde la cima, otorga una fantástica vista panorámica de la ciudad de Puyo y de los árboles que cobijan estas misteriosas cavernas, un lugar para maravillarse con los mundos superiores e inferiores que componen a Fátima.

Hay recorridos cortos de 20 minutos, pero uno puede alargarlos sobre las dos horas dependiendo de cuánto más se quiera explorar.

Contacto de Juan Carlos
(+593) 99 526 7252

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