Diez días en Llanganates: diario de una expedición

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Atravesar los Llanganates es un premio codiciado en el imaginario de senderistas y trekkeros de Ecuador. Un sitio al que poquísimos mortales se han atrevido a penetrar, con hectáreas tras hectáreas de parajes vírgenes abarcando todo un arcoíris de ecosistemas. Un lugar hacia el cual uno no se aventura así nomás: por la dificultad de su terreno y la falta de infraestructura alguna.

Ñan acompañó al grupo de expedicionarios Kingue en su más incursión a este santuario natural para el curso de certificación “Leave No Trace” (No Dejar Rastro) de 12 días…

Nuestra corresponsal Paula María Holguín, Ñanera de corazón, nos cuenta la historia

Día 0

Luego de la reunión previa al viaje, esto es lo que sé: seremos siete mujeres, cuatro hombres, dos de ellos instructores: Jorge Anhalzer y el fotógrafo Santiago Espinosa. Hay un guía, José Ricardo; y un cardiólogo, Christian Fierro. Entre las mujeres estamos Dani Sandoval, fisioterapeuta y speed climber (con récord); Cornelia (ingeniera ambiental); Fran (economista); Clau (otra guía); una invitada del extranjero, Nikki (montañista panameña, miembro del movimiento feminista de su país); y yo, que viajo con Ñan, para documentar la incursión ‘Leave No Trace’ (no dejar rastro) a uno de los parajes más enigmáticos y poco conocidos de Ecuador (y del mundo): los Llanganates.

En esta expedición, los GPS son solo para emergencias… la navegación se realizará a partir de mapas antiguos

En los pliegues insondables de esta cordillera, algunos sostienen que se ocultó el copioso tesoro de piezas en oro que los españoles habían exigido para liberar a Atahualpa. Por ello, han venido y se han extraviado decenas de esperanzados caza-fortunas.

Serán doce días en el campo; el primer y último en carpas en Hostería Manteles, nuestra base. Utilizaremos cartas topográficas viejas (de los años 1950-1970) para navegar, creando, cada día, cada ruta; y habrá un trayecto de cuatro kilómetros, a la altura de Pisayambo, en el que no tendremos mapas. No estamos buscando tesoros. Mejor dicho, el tesoro está en las lecciones que impartirá la sabia naturaleza.

No dejar rastro, o «leave no trace» es una modalidad de incursión en naturaleza de máximo respeto hacia el entorno.

Será un aprendizaje a la intemperie. Colocarnos frente a lo incierto. No sabemos con qué nos vamos a encontrar. Si alguien se enferma de verdad, será un mediano problema. Habrá que caminar días para alcanzar una ruta de evacuación; o, si el caso lo requiere, un helicóptero, cuyo gasto lo cubre la persona evacuada. Dicen que las primeras dos razones por evacuaciones son quemaduras a causa de la cocineta a gas; o por mala higiene. Un tip (de muchos tips): hay que pensar por qué llevas lo que llevas (y por qué dejas lo que dejas). Cada gramo es peso con el que tendrás que lidiar durante los diez días de expedición. Otro tip: sé flexible. La flexibilidad siempre gana.

Día 1

Manteles – Platupamba: 4.77 km

Hoy es el día en el que llevaremos el mayor peso (60–70 lb); cada día menos, pues la comida que hemos traído irá bajando en cantidad. Quien carga la olla debe siempre cargar el reverbero. ¡Ojo! Porque si se pierde lo uno, lo otro no sirve.

Hoy hicimos casi 5 km con 300 m de desnivel en 3 horas. Los instructores nos dieron la opción de seguir o de quedarnos en este campamento. Repartimos los pros y los contras y votamos entre todos. Solo una persona quería seguir. Los pro: el peso; el campamento (Platupamba) en sí. La vista despliega toda la región, con Tungurahua justo al frente nuestro, totalmente despejado (y con nieve). Al Chimborazo también lo vemos. Hizo sol toda la tarde.

Frente al glorioso Tungurahua; tuvimos suerte de ver al volcán con nieve en su cima.

Antes de dormir, tuvimos una clase para aprender a lavarnos los dientes (tip ‘eco-amigable’: cuando escupas, escupe fuerte y dispérsalo lo más posible para que no se concentre la pasta pegajosa en un solo lugar).

Estamos en la parte alta de Manteles, justo saliendo del valle. Mañana se supone que es el peor día.

Día 2

Platupamba – San Borja: 8.65 km

Un día largo y difícil, pero la motivación ha ganado la partida. El camino subiendo hacia los Llanganates es sobrecogedor. Cruzamos sembríos de papas, algunos nos llevamos ‘unitas’ para cocinar y caminamos sobre los asombrosos culuncos (caminos) ancestrales.

Siguiendo caminos ancestrales, conocidos como «culuncos», que atraviesan zonas de bosque en los Andes.

Subiendo, nos perdimos. El plan inicial era llegar a la laguna Culli Gulli, pero decidimos quedarnos en el cerro San Borja, a un lado de la laguna, porque Nikki no podía seguir. En expediciones como éstas, el grupo es tan fuerte como el más débil. Es la regla general. No que Nikki sea la más débil. Todos tenemos buenos y malos días.

Hoy aprendimos que el baño siempre debe estar a 200 m de donde haya agua para no contaminarla. Uno debe hacer su debido hueco, tapar sus necesidades y lavarse. Nota: hay que avisar cuando vas al baño. Así tus compañeros sabrán que deben buscarte si no vuelves pronto.

Los Llanganates cuenta con bosques húmedos tropicales, bosques nublados, climas templados y páramo y zonas lacustres poco conocidas…

La tarde fue espectacular, el Chimborazo de un lado de la cordillera totalmente despejado con la ciudad de Riobamba prendida a sus faldas. En la cordillera oriental, veíamos, también despejado, al Cerro Hermoso.

Creo que lo más difícil hasta ahora, fuera del peso y esfuerzos de la caminata, es ir al baño. Como esta expedición es «Leave No Trace», no puedes llevar papel higiénico. Pero no hay otra… tienes que ir… ¡porque será un problema si no vas!

Cielos andinos, estrellados, lejos de la civilización.

Día 3

San Borja – Pulpito: 7.5 km

Despertamos a las 5:30 am y salimos a las 9 am. Era un poco tarde, a decir verdad. Nos dividimos en grupos. Para esto, cada grupo debe tener lo necesario para pasar la noche si ambos no llegan al punto acordado.

Nos perdimos por más de dos horas… Giramos mal en Cerro Burro Corral y nos encontramos con un arriero que nos dijo que estábamos caminando hacia Aluleo. Después nos dimos cuenta que se refería al río Aluleo y no a la laguna. Dimos la vuelta y volvimos a subir. Pero todo el grupo estaba motivado y no perdimos ni un minuto lamentándolo. Los GPS son solo para emergencias. La idea es navegar con mapas topográficos y brújulas, sin tecnología.

Mientras íbamos bajando por el camino equivocado la vegetación cambiaba de páramo a un tipo de bosque nublado. Además, empezaron a aparecer mosquitos, lo que no ves en páramo. Debimos habernos dado cuenta que algo andaba mal. Lo que te enseña lo importante que es ubicarse con lo que vemos alrededor: montes, cordilleras, valles, quebradas, lagunas, vegetación, insectos, etc. Hay que tener cuidado pues muchas veces podemos ver lo que queremos ver del mapa, dándole sentido al lugar donde creemos estar cuando no estamos en realidad en ese lugar.

A la final, por el tiempo perdido, tuvimos que quedarnos en el campamento de Tres Lagunas cerca de Cerro Pulpito. Nos costó muchísimo esta ruta porque justo nos tocaba cambiar de un mapa a otro y había un desfase entre ambos.

Ya me estoy dando cuenta que no traje toda la ropa que debí, al menos no la adecuada. Tengo grandes abrigos para el frío, pero son muy pesadas. Me falta un pantalón de trekking. Solo lleve uno y aparte tenemos zamarros (la mejor compra – ¡tip nivel nitro!). Me faltó un impermeable, un Nalgene (termo de plástico) para agua caliente (eso para meter en el sleeping para permanecer caliente, ¡otro gran tip!). Un pantalón más caliente para dormir; aunque es importante no sudar porque ahí, más bien, te da más frio si sudas.

Volvimos a hacer cocina comunal. Santi nos enseño una receta especial: pad thai montañero. La idea es tratar de no comer ‘feo’ simplemente porque estás en el campo. Se puede comer bien. Eso ayuda a mantener el buen ánimo. Imagínate diez días de rapiditos y atún. No pues…

La comida en expedición es todo un tema… nosotros intentamos de que fuera nutritiva y creativa, para que nos energice y anime.

Día 4

Tres Lagunas – Laguna Aluleo: 10 km

Hoy, mientras caminábamos, veíamos achupallas comidas por todos lados (las achupallas son la dieta favorita del Oso Andino; se las comen como nosotros comemos una alcachofa, hoja por hoja). Eso quiere decir que están cerca. ¡Nunca he visto un oso en estado natural!

Fue hasta ahora, el día más difícil. Logramos llegar al campamento a las 5:30 pm. En la última arista (punto alto de la montaña), el Tungurahua volvió a sorprendernos, despejado y con nieve. Pensamos que el otro grupo no iba a llegar. No contestaban la radio. Supusimos que dormirían en una laguna que habíamos pasado hace algunas horas. Por suerte estábamos con Cuervo, Doc y Annie, quienes tenían carpas personales en las cuales entraríamos todos los seis.

Es preferible no caminar por la noche en estas expediciones, pero perder el camino a veces nos forzó a hacerlo.

A las 7 pm logramos ver pequeñas siluetas y las luces de las linternas del otro grupo. Realmente fue un alivio. Estábamos nerviosos, algo tristes, frente al prospecto de que el grupo llegara a separarse. Mientras los veíamos acercarse, hicimos té para recibirle y quesadillas, una bienvenida para subirles el ánimo.

Día 5

Aluleo – Quillotura: 4 km

Después del día duro que tuvimos ayer los instructores decidieron bajar de revoluciones y pasar un día ‘tranquilo’. Caminaríamos solo 4 km hasta el siguiente campamento.

En páramo, la tierra del oso y la chuquirahua

Tengo una tendinitis en la rodilla por el peso y contractura en el lado izquierdo de la espalda. ¡Por suerte mi compañera de carpa es fisioterapeuta! Ayer fue fuerte incluso para los instructores. Santi tuvo que cargar maletas de cursantes que no podían avanzar, adelantándose para dejar una maleta y regresar a cargar la maleta de otra persona.

Tuvimos toda la tarde “libre”. No estábamos caminando per se pero tampoco metidos en la carpa. Tuvimos clases: impartidas por Cuervo y George que nos enseñaron cómo lavar ropa. Se coloca la ropa en una funda y se pone agua hasta casi la mitad con un poco de jabón. Le haces nudo y agitas. Es tu máquina de lavar improvisdad. Para secar debes sacar cada vez que haya sol o colgar de tu maleta mientras caminas.

Estamos todos ahí para apoyarnos y ayudarnos en el camino… «el grupo es tan fuerte como el más débil»

Otro indispensable: ¿cómo hacer café? Lo llaman café «asustado». Si no tienes con qué pasar café molido, añades el café a una olla de agua hirviendo y le metes un buen chorro de agua fría de manera circular. El cambio de temperatura hace que todos los residuos se queden abajo.

Mañana la despertada es a las 3 am.

Día 6

Quillotura – Páramo Jaramillo: 14 km

La madrugada nos despertó lloviendo (hasta eso de las 4 am). Todas las mañanas ha pasado igual. Comenzamos a caminar a las 5 am. Todo oscuro. Como acampamos debajo de una arista, teníamos que, en la oscuridad y con linternas de cabeza, trepar todo lo que bajamos. Era muy empinado pero una vez que llegamos a la arista atravesamos varios cerros.

Despertares mágicos en el corazón de los Andes.

El amanecer estuvo fabuloso: todos los nevados al descubierto (Illiniza Sur, Cotopaxi, Corazón, Quilidaña, Chimborazo, Tungurahua, Sangay y El Altar). Caminar por estas aristas es mágico, conectando montaña con montaña. Vimos pisadas de osos en el camino; ellos también utilizan estos caminos.

Después nos cruzamos con achupallas masticadas. Era una señal innegable de su presencia. Pude entonces divisar la cabecita de mi primer Oso Andino, mirando fijamente en mi dirección. Grité ‘oso’ como desesperada, apuntando con el dedo. Esto, claro, lo espantó. Pero ¡qué felicidad! Ya estábamos en la otra cordillera, al frente de dónde habíamos acampado. ¡Es increíble las distancias que recorremos!

El grupo se alista para avanzar, junto a nuestros instructores Jorge y Santiago.

Día 7

Paramo Jaramillo – Base Cerro Hermoso

Comenzamos a caminar a las 7:26 am. Caía nieve. Estuvo difícil porque también había mucho sigse que corta como papel y flechas de bambú. Tengo todas las manos cortadas por estas dos plantas.

Manos lastimadas por las filosas hojas del sigse.

Clau se enfermó. Vomitó siete veces. Tuvimos que parar bastante y estábamos preocupados de tener que evacuarla. Tampoco queríamos que se deshidratara, lo que nos forzó a hallar campamento mucho antes de los planeado. Pero ya era de noche. Bajamos la arista hacia un valle, en dirección a una laguna que divisábamos a lo lejos: hay que tener cerca agua dulce… eso no es negociable. A ratos, nos tocaba bajar como resbaladera hasta el lugar. Llegamos exhaustos.

Nos nevó y amaneció con escarcha, la cual cubría todo lo que dejamos a la intemperie. Cerro Hermoso estaba despejado al igual que el Chimborazo, El Altar y Tungurahua. Es el primer campamento en el que vemos rastros de otra gente: papel higiénico botado.

Una mañana particularmente fría en los altos de la cordillera Llanganates

Día 8

Leones – Tambo de los Pillarejos

Salimos a las 8:30 am y atravesamos la parte de la laguna donde estábamos acampando y bajamos hacia el valle para intentar llegar a la base de Cerro Hermoso. Me dolía la rodilla durante todo el trayecto. No estaba motivada. Vimos un oso a la distancia, pero ni bien nos paramos para mirarle bien, salió espantado. Desde tan lejos nos pueden sentir.

Me sentí transformada después de la comida. Lista y con energía. Por lo que nos adelantamos. Pero, comenzó la neblina, todo de subida; en un momento dado hubo incluso un fuerte olor y pudimos identificar huellas de tapir. Llegamos a las aristas por una serie de picos estrechos con Cerro Hermoso a un lado y su laguna Bruner (en honor del único cazatesoros que ganó dinero en el intento… estafando a la gente que buscaba el tesoro diciendo que sabía cómo llegar a él).

Huella de tapir (foto: Jorge Anhalzar)

Día 9

Tambo de Pillarejos – Rio Muyo

Nos demoramos un poco en desayunar y empacar. Acabamos saliendo a las 7:10 am después de una pequeña charla de motivación para el llamado ‘último esfuerzo’ de la travesía.

Entrando en los vericuetos selváticos del Parque Nacional… bosques encantados.

El camino estaba lleno de lodo; muy difícil caminarlo porque se te quedan las botas atascadas o te resbalas. Vimos huellas de tapir y de puma en los senderos. Las subidas eran durísimas. Avanzamos al Campamento Mirador para almorzar, justo bajando la última cumbre (el último campamento antes de descender hasta el campamento del río Muyo.

La bajada al rio es increíble. Instantáneamente, cambia la vegetación a bosque húmedo. Pasamos por muchos túneles hecho por las raíces sobresalidas de los árboles. Un entorno de cuento de hadas. A ratos, teníamos que pasar como militares arrastrándonos por el lodo. Es un rio grande, pero por suerte por donde pasábamos no era fuerte la corriente (otro tip: cuando cruzas un rio con maletas y peor tan pesadas como las nuestras debes zafar todos los straps por si el agua te lleva te puedas soltar).

Un pequeño descanso en túneles ocultos debajo de la tupida vegetación tropical.

Después de varias horas, al fin llegamos al campamento. Ya eran las 10 pm. Llegamos directo a cambiarnos porque estábamos empapados y luego, aunque ya cansados, a cocinar; porque comer es la única manera de recuperarte y estar bien para el día siguiente. Nos hicimos un couscous con queso y tomates deshidratados.

Día 10

Rio Muyo – Entrada del Parque Nacional Llanganates: 5 km

Hoy nos dirigimos a la entrada de los Llanganates, a la altura de El Triunfo. El Triunfo es la parte alta de Patate. Hay que pasar por el Mirador de la Cima, desde donde uno ve la ciudad de Baños. Me levanté a las 5:45 am. Me puse a lavar la olla de la víspera para calentar agua y preparar un café “asustado”. Como teníamos tiempo, me dio por hacer pan con parmesano y semillas de girasol, tratando de usar tanta harina como me fuera posible para que no pesara tanto la maleta (la harina es lo que más pesa).

Fuimos todo el camino siguiendo el río: subidas y bajadas, todo lleno de lodo. Fue largo. Era difícil concentrarse, pisar bien y mantener el ritmo. Nos avisaron que esto suele suceder hacia el final de una travesía y es cuando más accidentes hay.

Atravesando el río Muyu rodeados de bosque húmedo tropical.

Al alcanzar la Entrada del PArque, gritábamos de la felicidad al ver las camionetas que nos esperaban. No estábamos seguros que lo harían, pues llegábamos tres horas tarde. En trayecto a Hacienda Manteles, nos paramos en la primera tienda de El Triunfo; se sentía raro volver a la civilización. Doc invitó. Cada uno con sus antojos distintos. Yo con mis doritos y un tango. El Cuervo, papas y cola (igual que George y Santi), Corne se pidió un pan y un plátano. Clau, un helado.

Todos bajamos de peso del esfuerzo físico. ¡Se nos caían los pantalones! Y estábamos llenos de lodo. Las manos quemadas y cortadas. Pero felices de llegar a Manteles (e increíblemente, aun con energía). Sacamos todo de las maletas. Organizamos la comida que quedaba. Revisamos los equipos antes de poder bañarnos por primera vez en diez días.

Llegamos! (foto: Jorge Anhalzer)

La ducha se sentía increíble (pero desenredarme el pelo… un suplicio). Tuve que colocarme rinse tres veces. Hicimos pizzas entre todos y cenamos juntos con los dueños e hijos de la hostería.

Una aventura imposible de olvidar que nos dejó enseñanzas para el resto de mi vida.

¡Gracias Kingue!

Fotos y texto de María Paula Holguín

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