Diablada Pillareña

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Escrito por: Ilan Greenfield

Fotos: Paula Holguín

El desfile popular de este pequeño pueblo en medio de las montañas de la provincia de Tungurahua es Patrimonio Inmaterial del Ecuador. Desde 2009 hasta acá, ha recibido mucha atención por parte de la industria turística y los medios de comunicación, convirtiéndose en todo un “imperdible” del calendario festivo popular…

Fue el mismo año (2009) en que la multitudinaria Fiesta de las Flores y las Frutas se convirtió en Patrimonio Inmaterial del país. En esa época, no se hablaba mucho de esta fiesta irreverente de la remota campiña camino a los Llanganates, pero ahora, es todo lo contrario y la festividad ha puesto al pequeño pueblo de Píllaro y sus comunidades vecinas en el mapa, reforzando una costumbre que hace pocos años era polémica e incluso mal vista.

El orgullo de los pueblos autóctonos, la crueldad de los colonizadores y su religión, la fascinante inventiva al momento de superar la esclavitud con fiesta y colorido, todo ello está enraizado en la hoy muy celebrada y cada vez más concurrida Diablada Pillareña.

Marca el comienzo del año católico, un momento de paz que celebra el reciente nacimiento de Jesús y que culmina, dentro del marco religioso, el 6 de enero, Día de Reyes. En este caso, los reyes magos y los belenes han sido reemplazados por máscaras tétricas con cuatro “caras” demoníacas algunas de ellas, otras inmensas, tres cabezas de alto, con cuernos de siervos, de chivos y de toros y vestimentas color rojo sangre, ¿qué invocan sino lo contrario de la bondad cristiana? Parece más bien el producto de la cizaña. “¿Cuál paz?,” gritan los disfraces, “¿500 años de paz?”

Tomar el símbolo cristiano de Lucifer, hacer de él el protagonista de una fiesta tan cercana a la Navidad, es más fina ironía que simple coincidencia. La idea original, han dicho algunos, era asustar a los hacendados en su momento de vulnerabilidad espiritual. Otros hacen hincapié en la gran burla que ello representa frente a las creencias ladinas. Pero hay gran sutileza en toda la celebración. Una parte central de la Diablada son las llamadas “parejas de línea”, una formación del desfile en la que las parejas bailan en fila, al estilo palaciego de la época, con máscaras de alambre para borrar sus facciones, exagerados colores y ribetes en sus vestimentas y el histriónico dramatismo de rigor.

Los diablos, en esta parte del desfile, están presentes para ahuyentar al público y proteger esta danza “aristocrática” con fuetes por si alguien se cruza su línea.

¿Es el diablo, entonces, quien protege la hegemonía colonial? ¿Es el diablo, y no el Dios de la Bondad, quien mantiene las construcciones sociales que imperan desde la Colonia? ¿No fueron los que trajeron al dios cristiano, quienes también trajeron a su diablo? Esto y mucho más está en entredicho al momento de representar este fabuloso baile.

Los indígenas rurales vestidos de diablos se han convertido en maestros asustadores. Con sahumerios y grandes pailas de leños humeantes, golpean las casas y bailan y ululan frente a ellas con aquellas monstruosas máscaras hechas de vértebras y dientes de animales muertos, con sus miradas y bocas sobredimensionadas, con un animal vivo, o muerto, entre las manos, por sí alguien quiera curiosear, ahuyentar así a los mirones; y para completar la afrenta, por supuesto, se termina su bailata frente a la iglesia.

Todo ello todavía se celebra hoy en el mestizo mundo pillareño, con jolgorio, sarcasmo y un gran sentido de solidaridad para con el sufrimiento de los colonizados

Personajes y volcabulario pillareño

Partida – Cada grupo de comparsa durante el desfile.

Parejas de línea – Un baile sincronizado que se realiza ordenadamente en dos filas de hombres y mujeres.

Guarichas – Hombres vestidos de mujeres que dan de beber.

Capariches –Barrenderos de pantalón blanco que bailan con su escoba.

Payaso – Un bailador/juglar que se desplaza libremente por entre los que desfilan.

Cazador – Con su escopeta, está presto a disparar al Diablo de diablos si lo logra divisar.

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