Cuando los guayacanes florecen

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En el cantón Zapotillo, en el extremo sur del país, el paisaje de las parroquias de Bolaspamba, Cazaderos y Mangahurco se viste de dorado una vez al año. Y es como si el agua estuviera enamorada de aquellos frondosos árboles, llegando luego de meses de ausencia para que florezcan tan magníficamente.

Estos hermosos árboles maderables hasta 1978 eran cortados y vendidos sin conciencia. Dada la precariedad de la especie, fue a partir de dicho año que se empezó a proteger el bosque de la tala y desde hace siete años, actores públicos y privados se han unido para convertir este evento en un atractivo turístico de importancia a nivel nacional, uno que poco a poco está también sonando más allá de nuestras fronteras.

40 mil hectáreas de guayacanes cuyas hojas interpretan un baile amarillo de cinco días para inaugurar la época de lluvia

Existen varias opciones de alojamiento y alimentación en los cantones de Macará, Celica, Zapotillo, Puyango y Pindal, desde hoteles y hosterías hasta lugares para acampar, para presenciar el espectáculo. Adicionalmente, existen actividades guiadas diseñadas para disfrutar los encantos de la zona: caminatas, apadrinamiento de guayacanes, exposiciones de artesanías, cabalgatas, rutas de bicicleta y rutas gastronómicas.

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