Corpus Cristi: Abejas y castillos en Cuenca

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Una semana después de Pentecostés en el calendario católico, los cuencanos y sus visitantes viven siete días de exaltación. El septenario, o setenario según quien lo diga, es una mezcla de júbilo religioso, procesiones, dulces tradicionales, bandas de música popular y la fantástica pirotecnia que se encarga de cerrar cada día de celebraciones en tiempos de Corpus Christi.

Durante las tardes de mayo y junio hay gran movimiento
en el centro de Cuenca; las abejas que rondan son el mejor indicador que ha empezado la celebración y que llegaron los dulces de Corpus.

Alrededor de las dos catedrales se instalan varias cuadras de mesas coloridas repletas de dulces; que- sitos, arepas, huevitos de faltriquera, suspiros, relámpagos, cocadas y todo tipo de masitas con azúcar que endulzan el pasar y paladar de transeúntes e inquietan las miradas de los niños y adultos golosos. Hay un prioste por año que se encarga de los gastos de la fiesta.

Castillos en Corpus. Foto: Jorge Vinueza.

Mientras tanto en las afueras de Cuenca, en las poblaciones cercanas se han venido juntando las mejores ideas para construir castillos, gigantas y vacas locas. Don Rafael Pare- des, su familia y un puñado de artesanos llevan en sus venas este arte. Ya son varias las generaciones que se encargan de producir magia, color, sonidos y microcosmos fugaces que generan alegría y emoción entre los cuencanos. ¿La fórmula? ¡Sigses, carrizos, papel, pinturas, pólvora y amor por su oficio!

Las noches de pirotecnia siempre fueron el mejor momento para galantear y cortejar a las lindas cuencanas. Los muchachos encontraron un modo particular a espaldas de los pa- dres para lanzar sus piropos; no las acostumbradas palabras galantes sino pequeños artefactos que eran lanzados a las piernas de las más bellas cuencanas, quienes, en desquite, resolvieron salir con doble pantalón a la noche de castillos.

Fiesta de tradición en Cuenca.

Así, una semana cada año, los cuencanos y quienes visitan esta ciudad disfrutan la oportunidad de vivir de cerca esta explosión de tradiciones populares que secundan la liturgia. Son la mejor excusa para sentir de cerca una tradición que con el tiempo y su progreso va apagando costumbres y comprometen lo que quizás fue la primera actividad nocturna que tuvo la ciudad.

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