Chimborazo: potencial turístico

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Chimborazo es una montaña inmensa. Una montaña larga, ancha y, por supuesto, alta. Altísima. Una de las más altas del mundo, la más alta del Ecuador y, según las mediciones de la Tercera Misión Geodésica, el punto más lejano desde el centro de la Tierra. Hasta hace cuarenta años, quienes se aproximaban eran pocos. O eran montañistas sin miedo o hieleros minando el glaciar. En ese tiempo, se creó el refugio Carrel, y desde ese día, todo cambió. 

Este pequeño refugio de madera a 4800 metros sobre el nivel del mar llegó a recibir miles de personas al día. Desde luego, la mayoría de ellas no estaban ahí para lo que fue construido: un lugar desde el cual empezar el ascenso para coronar la montaña. Escalar el Chimborazo no es para todo el mundo. Pero tomarse un chocolate caliente, sí. De este modo, la gente llegaba, se tomaba la foto, se daba la vuelta, tocaba la nieve y se iba.

No había nada malo en ello. Lo triste, sin embargo, era no poder comunicar a quienes querían conocer el volcán que el refugio era probablemente la experiencia menos interesante de esta reserva natural. El Chimborazo es, en realidad, un mundo en sí mismo con muchísimas aventuras por descubrir. En estas hojas te contaremos un poco más de su espectro natural, pues Chimborazo es motivo para volver muchas veces y para conocer de manera entrañable.

Durante la pandemia, Marco Cruz y Chimborazo Lodge organizaron talleres de turismo para varias comunidades del sector (en la foto figura Miriam Tenemasa del proyecto Casa Cóndor).

Yunga-Ñan

Una experiencia que nos lleva lejos en la historia de nuestro país, cuando no existían carreteras, ni tampoco rieles de tren, el llamado “yunga-ñan”, también conocido como el antiguo Camino Real, se utilizaba para comunicar la costa del país y su puerto principal de Guayaquil con los Andes y la Real Audiencia de Quito en épocas coloniales. Este sector era una de las zonas más elevadas del trayecto y hoy, completamente en desuso, es un increíble paseo de senderismo rodeado de fabulosos paisajes naturales. Antigua, datando por lo menos 2000 años, fue parte de una importante red de comercio, indispensable para el desarrollo de las culturas ancestrales y la Colonia… todo un viaje en el tiempo y la historia…

Fotografía: Marco Cruz.

Templo Machay

Una apertura en plena ladera del volcán Chimborazo promete una vía hacia el corazón de la montaña, un lugar espiritual para entrar en comunión con la fuerza telúrica que domina nuestros Andes. El camino que nos lleva hasta el llamado “templo” Machay ofrece un espectáculo de vistas y paisaje en un terreno rocoso sobre la base de la montaña. Es una caminata inolvidable y una bonita introducción al andinismo.

Fotografía: Marco Cruz.

La Chorrera de San Juan

Una imponente formación rocosa se levanta como una catedral de piedra, La Chorrera de San Juan es un espectacular encañonado, muy popular entre escaladores. Cuenta con rutas de escalada de varios tipos de dificultad y para muchos gustos, pero su impresionante naturaleza y vista merecen la pena conocer aun si no practicas este deporte.

Fotografía: Cortesía Ministerio de Turismo.

Bosque de Polylepis

En la cima del mundo existe un bosque mágico. Un bosque salido de una obra de ciencia ficción, que, estando en su interior, uno se asombra que existe en esta Tierra. No lo podrías imaginar si no caminas en él, sus ramas y troncos parecen entrar y salir de las dimensiones, curvando de manera extraordinaria frente a la niebla. Triste es que quede tan poco de él, pero es un paseo que merece mucho la pena, tomando una ruta a la izquierda de la vía al refugio.

Fotografía: Murray Cooper.

Turismo comunitario

La vida alrededor del Chimborazo es una fascinante ventana a las tradiciones ancestrales ligadas a la montaña. En los últimos años, varios proyectos comunitarios han buscado mostrar su identidad y vida en el páramo en pos de, no solo proteger sus precarias culturas y la frágil naturaleza de sus entornos, sino crear economías sustentables, dignas y beneficiosas para el futuro.

Fotografía: Andrés Muñoz.

Rutas de ascenso

Escalar el Chimborazo tiene sus (muchos) requisitos. El primero es que quienes lo quieran intentar deben estar en muy buena condición física. Lo segundo es que precisarán de un proceso de aclimatación de al menos 4 a 5 medias montañas (varias semanas de preparación) y una cumbre alta o nevado antes de hacer el intento de llegar a la cumbre. Estos últimos cincuenta años de deshielo del glaciar han forzado, incluso, a que los guías de montaña vayan cambiando las rutas, pues se vuelven cada vez más peligrosas y difíciles. Es obligatorio contratar un guía de ASEGUIM (la Asociación Ecuatoriana de Guías de Montaña) y que realices el debido proceso de aclimatación.

Fotografía: Marco Cruz.

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