Chimborazo: Misión al cenit

-

- Publicidad -spot_img

Hace casi tres siglos, los viajeros franceses, geodésicos vueltos andinistas por necesidad, se tardaron varios años en medir un solo tramo del valle interandino, en lo que hoy es el país de Ecuador, para conocer la forma verdadera del planeta. Atravesando cerros, riscos, montañas y nevados con la misma estrella de la constelación de Orión en la mira, no podían estar más cerca del cielo.

No lo sabían al punto que lo sabemos ahora. Y cuando decimos ahora, hablamos de febrero de 2016, fecha en que se realizó la llamada “tercera misión geodésica” que conmemora la gesta de los sabios franceses del siglo XVIII, al realizar una medida que desde hace mucho tiempo quedaba pendiente. Aquello que se había logrado evidenciar – que la Tierra es achatada en los polos – sugería que el Chimborazo podía ser el punto más alto de nuestro planeta desde el centro de la Tierra… incluso más lejano que la cima del gigantesco Everest. O, dicho poéticamente: la cima del Chimborazo es el punto más cercano a las estrellas, la luna, el sol, el espacio… Nadie se había tomado el trabajo, en todos estos siglos, de confirmar la sospecha.

Midiendo montañas: ciencia, tecnología y andinismo

“Recordando siempre a quienes estuvieron antes y abrieron camino” profirió Iván Vallejo, en son de rezo iniciático.

El reconocido montañista, primer ecuatoriano y tercer latinoamericano en coronar (¡sin oxígeno!) no sólo el Everest, sino también las 14 montañas conocidas como las más altas del mundo, estuvo a cargo de guiar al grupo de medición científica del Chimborazo. Partieron la noche del jueves, 4 de febrero, con un cielo despejado que permitía ver la Cruz del Sur. Recordaban a Humboldt; recordaban a la Condamine, a Bouguer y los integrantes de la primera misión; recordaban los pasos de Whymper y los hermanos Carrel, los primeros mortales en llegar al punto más alto de esta montaña en 1881.

Tercera Misión Geodésica - 01

El grupo lo conformaban tres científicos franceses – Jean Matthieu Nocquet y Frederique Rolandone del Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD), y Matthieu Perrault del Instituto Geofísico (IG) de la Escuela Politécnica Nacional –, cuatro guías ecuatorianos, compañeros del Instituto Geográfico Militar, y Ñan… en las piernas y ojo fotográfico del talentoso Angel “Chili” Martínez. Los expedicionarios partieron cargados de antenas, GPS de alta precisión, baterías y paneles solares (aparatos mucho más pequeños que los de hace 280 años), el equipo de montañismo necesario y cámaras para documentar el evento.

Una vez en la cumbre Ignacio Veintimilla (alcanzada a las 6 de la mañana), se inició el ascenso al punto más alto: la temible cumbre Whymper. Hubo incertidumbre de si se lograría alcanzar el objetivo, porque para llegar a Whymper había que atravesar un glaciar lleno de huecos y picos de hasta tres metros de alto. El codiciado culmen de nuestro país, y posiblemente culmen de nuestra masa terrestre, la coronaron, finalmente, dos horas después.

Por suerte, el día fue bueno. El equipo pudo permanecer cuatro horas en el lugar. Si bien las baterías, que disminuyen en temperaturas bajas, tuvieron que ser sustituidas por los paneles solares, estos lograron nutrirse del sol: las borrascas también estuvieron ausentes. Alrededor de 15 satélites estadounidenses y rusos (GPS y GLONASS) fueron conectados para conseguir las cifras y realizar la interpretación y decodificación de los puntos que se medían. Creando una serie de triángulos de información entre la Tierra y los satélites, hay, por lo menos, superficialmente, una comparación válida para con la trigonometría clásica utilizada por los geodésicos de la lejana colonia. Pero con GPS de alta precisión, automóviles para trasladarnos, equipos de montañismo, la experiencia y avances en cuanto a este deporte, cámaras fotográficas, filmadoras, computadoras para calcular los datos y el mayor conocimiento astronómico y geológico que poseemos hoy, algo que hace 280 años era impensado, fue una labor que se realizó en días. Manejar equipos con el fuerte viento que golpeaba la cumbre y el frío que congelaba las yemas de los dedos de la mano tuvo su grado de dificultad, pero todos se jactaban de la emoción de haber llegado a una altura semejante en tan poco tiempo. La expedición se dio por concluida a las 16h00, una vez que todos volvieron al refugio.

Tercera Misión Geodésica - 02

Para ser científico hoy en día, uno no pensaría que escalar montañas fuera parte del pensum. Uno se imagina, incluso, que los científicos son una extraña raza de humanos vestidos en mandiles, metidos en laboratorios llenos de microscopios, en cuartos de investigación repletos de pantallas, revisando cuadros y gráficos digitales y leyendo con lupa los resultados de un impreso indescifrable. Claro, eso es parte de la labor científica. Pero la ciencia jamás ha dejado de ser, esencialmente, una oda a la curiosidad humana. Nuestros científicos modernos, para otorgar a la humanidad el dato de la altura del Chimborazo, tuvieron que prepararse escalando montañas como Cayambe, Ilinizas y el propio Kilimanjaro, en Tanzania. Nuestros científicos conocen la boca de los volcanes y los fondos de los océanos, los puntos más remotos de la selva, los rincones más lejanos de nuestro ártico, y ahora, el punto más alto de la Tierra, también. Los científicos son quienes han estado ahí. Los resultados, lo sabemos ahora, orgullosos de poderlos compartir con el mundo, revelan que sí, el Chimborazo es el punto más lejano de nuestro planeta, el punto más cercano al espacio que nos rodea. Por más que parezca la medida un capricho de las estadísticas, ella permite conocer más sobre los movimientos de las placas tectónicas de la zona equinoccial, revelando datos de sismos y volcanes de esta tierra que con cada sacudón nos recuerda que está viva. Si la primera misión geodésica fue testigo de una erupción del Cotopaxi y del gran terremoto de Lima, y ayudó a establecer la noción del planeta como un ente vivo, hoy debemos siempre procurar entender mejor sus procesos vivientes. Estos influyen en quienes la habitamos. En la cumbre del Chimborazo, con el viento, el frío, el mundo a sus pies y muy cerca de las estrellas, esta expedición nos hace pensar no sólo que la meta de escalar una montaña tan alta es el resultado de la ciencia, sino que es también una ventana hacia el futuro que nuestra misma ciencia nos permitirá construir.

Artículo anteriorCiudades del mañana
Artículo siguienteEcuador: Laboratorio del mundo

Artículos Relacionados

- Publicidad -

Artículos Recientes

- Publicidad -

También podría interesarte
Recomendado para ti

Ñan MagazineLee Ñan 41 gratis

No pierdas la oportunidad de explorar Ecuador en este nuevo ejemplar totalmente gratuito.