Casas con alma de mansión

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Hace aproximadamente un siglo, don José Alvarado invitaba a familias con cierto poder adquisitivo, a su casa en la calle Simón Bolívar, para que pudiesen elegir el diseño de latón que mejor combinara con sus muebles. Era la última moda, en aquél entonces, enlucir paredes de pies a cabeza con placas de hojalata, pintadas en colores pasteles, figurando motivos en relieve. En este edificio residencial de tres plantas, donde hoy funcionan las oficinas administrativas de la Bienal de Cuenca, se revela algo de lo que fueron estas pomposas exhibiciones de antaño, un extravagante tiovivo de paredes decorativas, una fantasía de diseños franceses y victorianos cubriendo los 650 metros cuadrados de la residencia, disponibles para la compra e instalación inmediata. Hoy, la Casa de las Palomas, la Casa de los Cocos, la Fundación de Turismo de Cuenca, la Mansión Alcázar, la Corte de Justicia, hasta la Catedral Vieja, hacen alarde de estos fósiles del refinamiento, testimonios de la locura por el latón.

Dedique un tiempo a observar detalles, frescos, techos y forjas en las mansiones de Cuenca.

En lo alto de la sede de la Bienal, también tenemos otra la realidad arquitectónica de la ciudad: sus techos de teja. Kilómetros de tejas moldeados al muslo de los alfareros de la ciudad, suben y bajan a lo largo de todo el casco antiguo, proporcionando un matiz terroso inequívoco, testimonio, esta vez, de un pasado colonial anterior.

A lo largo de las calles, fachadas de hoteles boutique y museos, tiendas y restaurantes, muchos de los cuales no pueden dejar de invocar residencias de quienes se enriquecieron perdidamente gracias a la industria de la paja toquilla, están recubiertas de mármol, algunos caprichosamente decorados con arremolinados diseños en hierro forjado o inspiraciones del eterno símbolo de gracia y estatus social: el latón. Otras casas sólo muestran fachadas opacas,agrietadas y una puerta de madera a punto de caerse —prometen poco— pero adentro hallamos los clásicos «tres patios» envueltos en espirales de escalera, balcones y verandas, jardines exquisitos que recuerdan las riberas de ríos pastoriles y nos hace pensar que quizás todos los edificios de Cuenca, en el fondo, profesan por lo menos un pequeño «complejo» de mansión…

La Casa Fundación Bienal de Cuenca.

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