Buceo en Ayangue

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El mar está picado e intento guardar el equilibro, observando cómo se levantan del horizonte las ballenas. Cuando nuestro divemaster Marcelo se da la vuelta para ver a los otros buzos que se preparan para lanzarse al agua, una forma oscura parpadea a mi lado. La masa negra sale del mar, directamente frente a mí. Se eleva hasta que su ojo izquierdo alcanza la superficie. Se detiene, colgado sobre las olas. Un orbe gigante en sí mismo, me escanea y, satisfecha, la criatura vuelve a la comodidad de las profundidades.

Quizás esta fue la jorobada que debe su vida al padre de Marcelo.

Con un rostro cálido y sonrisa fácil, Ambrosio Yagual tiene mucho de qué enorgullecerse. Sin embargo, cuando este hombre autodidacta habla de su trabajo, este hombre que, de sus propias manos, erigió el principal operador turístico de buceo en el lugar más popular de Ecuador para dicha actividad (que no sea Galápagos), habla de felicidad: «Tener a mis hijos conmigo todos los días es un sueño».

Ray Aguila es una verdadera empresa familiar, dirigida por Ambrosio y su esposa Janet, su hijo Marcelo y sus tres hermanos. Todos nacieron y se criaron en Ayangue, un tranquilo pueblo costero a dos horas de Guayaquil, sobre la ruta del Spondylus. Existe hasta su propio equipo de fútbol Ray Aguila.

 

Bucear aquí con los lugareños ofrece un encuentro más íntimo con el entorno del océano que la típica operación de buceo. Los guías cuentan historias sobre el buceo libre, la práctica artesanal de pescar crustáceos comercialmente viables sin el beneficio de oxígeno suplementario.

También es como Ambrosio aprendió a amar el mar. Nos dice que los visitantes a menudo comentan que vive en el paraíso. Aquí hay momentos en los que es difícil discutirles. Las familias acuden a la amplia y mansa playa de Ayangue para hundir sus pies en la arena blanca. Los niños juegan en las suaves olas mientras los yates de los pescadores descansan sobre las olas. Los acantilados que rodean la bahía en forma de herradura guardan el secreto de una delicia culinaria: la langosta fresca.

Le pregunto a Ambrosio qué quiere que los visitantes se lleven de su tiempo en las aguas de Ayangue, y él responde con una gran sonrisa: «Lo que tomas del mar, eso puedes devolverlo».

Como cuando él y un amigo liberaron a una ballena atrapada de una línea de pesca. Fueron cinco horas de mancomunado esfuerzo, y solo posible gracias a su capacidad de bucear en mar abierto sin equipos modernos.

Una vez que regresan a casa los bañistas, la playa de Ayangue queda felizmente vacía. Los bares sirven cócteles, jugo fresco, cerveza fría. Al ver el crepúsculo disolverse en la noche, la mañana siguiente se siente lejana. Pero amanece temprano aquí. Los pescadores parten antes de que salga el sol. Y siguiéndolos a la playa, una camioneta negra adornada con el logo rojo brillante de Ray Aguila. Los buzos, entusiasmados de compartir un momento en las aguas protegidas de la Reserva Marina de Ayangue, intercambian cuentos y se embarcan en camino al océano con Marcelo y sus hermanos.

La mayoría de los días, Ambrosio se queda en la orilla. Espera jubilarse y entregar Ray Aguila a sus hijos. «Quién sabe a dónde nos lleve este negocio,” me dice, “no se puede saber el camino de la vida. Pero compartir lo que amamos, eso es una bendición.”

Contáctate con la familia Yagual en Ayangue (local frente a la playa) o Montañita (al lado del Banco Bolivariano) para aventuras únicas en el mar.

info@ayanguerayaguila.com / ayanguerayaguila@hotmail.com
+(593 4) 459 1175 / +(593 9) 90 23 9104
www.rayaguila.com

Fotografía: Santiago Bancalari

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