Borbón, capital de la marimba

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Borbón era una ciudad de madera y agua. Allá por los años 1980, no había electricidad. La marea lamía los soportales de un malecón de tablas que recordaba a una marimba, y temprano en la mañana, los tintineos de este mismo instrumento hacían eco sobre un río que cada noche salpicaba el pueblo de sonido. Guillermo Ayoví (el legendario Papá Roncón), también Hernán Ayoví, fallecido el año pasado… las leyendas. Golpeaban el chontaduro de selva adentro con sus síncopas de allá lejos para recibir el día, y todo Borbón abría los ojos con los sueños en el oído…

Vestigios de ese pasado uno los ve caminando por la ciudad de hoy. Ya no son solo canoas las que navegan chapoteando. Los barcos tajan las aguas con motores. Lavadoras apostadas en media calle ofrecen un servicio de lavarropas, traqueteando a la salsa choquede radios que compiten para ganarse la atención de los votantes, mientras otras emisoras se lanzan los ritmos de una acera a otra. Ahora, el malecón es adoquinado y algunas calles son asfaltadas.

Pero muchas siguen siendo de tierra. Y todavía podemos ver casas de palo de dos pisos que se sostienen del cemento del vecino. Al frente pervive una selva majestuosa. Tres ríos brotan de ella y desembocan en las orillas de la ciudad. La vista es mágica. La entrada de las aguas, un acto épico de la naturaleza. No ha cambiado en todos estos siglos.

Cada 02 de noviembre, Borbón se prende con el Festival de la Marimba. Foto: cortesía de Madera Metálicos.

“Apenas nos despertábamos, salíamos corriendo hacia las marimbas,” recuerda Daniel Ortiz con nostalgia en los ojos. “Nos sentábamos a escuchar… nos tenía hipnotizados.” Eran un manojo de muchachos embelesados por el ritmo envolvente de sus ancestros. “Hoy”, dice su colega y socio, Juan Pablo Garcés, “muchos sienten la marimba, pero somos pocos quienes realmente nos dedicamos a ella, a trasladar su arte a las generaciones futuras. Los demás son abogados, médicos, comerciantes, profesores… algunos tocan sí, pero nosotros decidimos hacer nuestra vida sólo esto”.

Juan Pablo y Daniel tienen su taller en pleno malecón. Pintadas sobre una pared están las dos Ms de “Madera Metálicos”, su empresa que es muchas cosas a la vez: grupo musical, productora de eventos, fábrica de marimbas, taller de educación musical y asociación cultural que entre otras cosas organiza festivales, publica libros y capacita a profesores de escuelas rurales del cantón para enseñar las bases de la música “afro” a los más pequeños. Todo ello nace de su acercamiento a la marimba, un acto tan inocente como natural en un lugar como Borbón en los años 1980.

Tendrían seis años. Papá Roncón tocaba mientras se acomodaban los pequeños al pie de su caja sonora. No tardaron en querer aprender de la magia de hacer sonar el aire, darle ritmo, canción, melodía, armonía… Y él les dejaba golpear, algo que aun hoy permite en su taller personal (como dice ya a sus ochenta años: “todo lo que tengo aquí, lo tengo que dejar aquí.”)

Entusiasmados empezaron a aprender. Pero empezar es lo más fácil con un maestro como Papá Roncón. Su educación duraría, en realidad, décadas. “Nos empezaba a mostrar las cosas y de repente echaba un cuento o contaba un chiste y se mandaba historias de reyes y de reinas y uno tenía que estar ahí escuchándolo hasta que terminara,” cuentan sus aprendices. En otras palabras, se aprendía en migajas. Ya cuando lograron dominar los ritmos y se trataba de querer reconstruir una marimba y afinarla al estilo único de Papá Roncón, éste empezaba con las primeras notas pero no tardaba en desviar la atención hasta que no quedaba más que venir otro día. Cuando volvían a verse, todo empezaba de nuevo, desde la primera nota. “Así uno no avanza nada,” se ríe Daniel.

Los secretos que valen la pena aprender, uno jamás los aprende así nomás. El camino ha sido largo. Y pasar una tradición tan arraigada, que se ha transportado desde tan lejos, tampoco es cosa, simplemente, de aprendizaje. Es un acto de confianza. Después de todos estos años, Juan Pablo y Daniel han podido ofrecerle esta confianza a un personaje legendario de nuestro país como Papá Roncón. Hoy, conocen la técnica de construir una marimba en base a su afinación única. Pero su deseo ha sido el de forjar un camino propio. De esta manera, han creado una línea de marimbas con afinación universal, sobre la escala de do, y en escala cromática.

Daniel Ortiz y Juan Pablo Garcés, fundadores de Madera Metálicos. Foto: Jorge Vinueza.

Son lo más portátiles posible, reduciendo su metro y medio de anchura, teclado de chontaduro y armazón de madera a un rollo que uno mismo puede cargar. Y gracias al hecho de que Madera Metálicos no deja de construir marimbas, uno puede llegar y simplemente señalar el instrumento que quiere y llevárselo a precios que oscilan entre los 800 y 1500 dólares. Ya no hay que pedir que te lo fabrique un maestro marimbero en un lapso de meses. O quizás lo prefieras así, ya que Papá Roncón está de edad avanzada, y así aprovechas tu estadía para visitarlo y hacerle un pedido de su emblemática marimba guindada, afinada al oído como ninguna, no deja de ser una oportunidad única y un ítem invalorable de colección.

Papá Roncón es un emblema viviente, inmortalizado en el parque de Borbón. Es el único monumento del pueblo. Y sus secretos y legado seguirán vivos entre nosotros.  No se irán con el río. Se quedarán aquí porque sus alumnos los guardan en el alma.

VOX POPULI: MARIMBA

La terminología marimbera asigna “ritmos” a las distintas canciones y bailes que se ajustan a cada canción, como es el caso del agua larga (y agua corta) conocidas por su coro “agua que corriendo va”, que usualmente da inicio a una “marimbada” y “templa” la marimba (no es secreto que la inspiración de esta cultura musical viene de los mismos ríos). Otros ritmos/canciones son el fabriciano, el andarele, el bambuco y la caramba cruzada en la que los bailadores se van “cruzando” en sus movimientos. La chafireña es un tema “endiablao” por lo rápido, el careo es la mirada recia entre hombre y mujer mientras bailan y el bordón cuando dos personas tocan sobre el mismo instrumento (la marimba a cuatro manos). El chontaduro es la madera negra de la que se hacen las teclas de la marimba, el guasáun instrumento con semillas que marca la cadencia y los cununos macho y hembra, tambores que dan ritmo a las canciones. Cuando se guinda la marimba, uno la guarda: se estilaba colgarla en la parte más alta de la casa para que recogiera la bendición de los espíritus de la selva.

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