Balbanera: la histórica iglesia de Colta

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A un costado de la carretera y de las vías del ferrocarril, en medio de campos acolchonados que dominan la solemne laguna de Colta, descansa, en plena intem­perie, lo que la convicción popular ha venido a llamar “la iglesia más antigua de Ecuador”. Aunque no hay registros que lo confirmen, el templo habría sido eri­gido por las propias manos de los conquistadores solo meses antes de la fundación española de la ciudad de Quito. Es decir, en 1534, el mismo año en que se creara la orden jesuita allá en la Europa medieval.

Esta pequeña y legendaria construcción se viste de joya patrimonial en plenas entrañas andinas, con su piedra basta, su arquitectura en bruto, su vetusta dimensión. Aunque partes de la iglesia han sido remodeladas a través de los años, conserva una fachada colonial es­pectacular, con curiosos tallados que parecen “jeroglí­ficos” en forma de ángeles, gárgolas rudimentarias, así como un campanario encantador que en días claros –o celestiales atardeceres– puede ser cotejado al poderoso Chimborazo, visión que no deja de ser la envidia de los fotógrafos. Su venerada Virgen de la Balbanera des­cansa dentro de la oscura nave, al igual que un curioso exvoto contando la tragedia que incendiara un convoy en 1909 y el milagro de la Virgen que lo socorrió, además de alfeizares, paredes y una pila bautismal de muy antigua apariencia.

La geografía donde descansa la iglesia ofrece su cuota de inspiración para evocar la grandeza de la conquista y la creación de los nuevos dominios.

Antepasados de la civilización puruhuá aún pueblan la zona, donde sus ovejas y ganado pastan alrededor de los aguanales que orillan la laguna de Colta, la misma que ofrece totora, utilizada por los artesanos locales para canastas y esteras que se venden en el mercado dominical de Cajabamba, la estación que sigue hacia el sur. El conquistador Sebastián de Benalcázar atravesó estas mismas comunidades hace casi 500 años y se dice que colocó los cimientos de la iglesia como bande­ra de victoria, mientras que otros creen que el pequeño templo marca el inicio de la avanzada final para fundar la ciudad de San Francisco de Quito.

Fotografía: Yolanda Escobar

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