Ara bendiciones en el mar

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Textos y fotos: Jorge Vinueza

Meses antes de la fiesta, representantes de la corta milicia de los cuatro gobiernos constitucionales de la república de dios dan comienzo al protocolo que lleva más de veinte años en práctica. Un sargento y un soldado caminan puerta a puerta entre Crucita, los Ranchos, las Gilses y San Jacinto, y otros recintos cercanos de esta costa manabita…

Uno carga una urna que lleva a los dos apóstoles y el otro esconde la culebra, una boa viva, que trae rachas de mala suerte a quienes le dan la espalda a la invitación, ya sea con su aporte económico, con su ayuda, o con su presencia el día en que los pescadores de Los Arenales darán sus muestras de agradecimiento a San Pedro y San Pablo por la buena pesca y los favores recibidos de salud y prosperidad durante el año.

Cada gobierno reúne a sus comitivas y empiezan a tejer su fiesta siguiendo el “protocolo”: una secuencia de tareas que no dejan de guardar su semejanza con las de un gabinete republicano. Los encargados de las bandas resaltan entre escarcha y letras góticas los nombres y apellidos del presidente, vicepresidente y ministros de los cuatro gobiernos: Pedro, Pablo, Negros y Blancos. Hay “ministerios” de cultura, de deporte y de finanzas que organizan eventos de concientización de la fiesta con escuelas y las comunidades; actividades para las familias; y los presupuestos del año, respectivamente.

Cuatro íconos de San Pedro y San Pablo son llevados por tierra al poblado de San Jacinto, donde esperarán a los feligreses que llegarán días después hasta ellos en barco para recogerlos.

Llegadas las vísperas, el pueblo se empieza a alborotar. Pequeñas ferias rodantes se disponen a lo largo de la calle principal, con futbolines, carruseles, comida y juegos de apuestas … eso sí, las imágenes de los santos estarán presentes en todo lado, en sombreros, paredes, carros, barcos, letreros de salón y en cuanto lugar se pueda mostrar la fe y devoción a los apóstoles.

Durante la madrugada del día de la procesión, las lanchas y los barcos son decorados con globos de colores, cintas, potentes equipos de sonido y banderas que distinguirán a cada gobierno durante la travesía. En las casas de los presidentes, se encienden las cocinas y empiezan a prepararse los platos y tarrinas de arroz con pollo, una que otra especialidad manabita y los dulces respectivos de las fiestas que serán embarcados para brindar a los invitados. Desde la mañana, pequeños botes pesqueros transportan parlantes, comida, licor, y poco a poco a los invitados que van llenando de fe y fiesta al océano en este desfile: ciento y pico de lanchas y más de 30 botes pequeños.

La fiesta se traslada al mar. Se embarcan poblados enteros. Se llevan la boa, a los sargentos, los ministros, y los presidentes, uno en cada barco.

Sin tradición en la música, es el hit popular y el gusto del “dis-yoqui” lo que pone a los polizontes de fe a bailar. Cuando uno de los santos llega a la embarcación después de ser recogido de San Jacinto, la música y el baile se detienen. Habrá palabras de agradecimiento y se realizarán los rezos respectivos.

“…Al Santo le pedimos que los ayude,” explica un participante, porque esta procesión también se lleva por dentro. Los pescadores y sus familias tendrán algo que pedir para el año, frente al apóstol ubicado al centro del barco. Algunos podrán acercarse para tener un momento con el ícono en alta mar, pero también es necesario que puedan llegar a las otras embarcaciones. Una vez que el santo deja el barco, el baile se prende.

Al finalizar la travesía, la playa se va llenando alrededor de las cuatro figuras. Cada uno encuentra su momento para estirar su mano, tocar la imagen y cargarse de fe para un nuevo año. Después de amarrar un billete a la capa del santo o depositarle alguna moneda, los devotos hacen su respectivo selfi y en pequeña procesión llevan a los apóstoles a la iglesia donde las imágenes se dedicarán a procesar los pedidos por todo un año. Durante una semana, se demostrará la fe con misas, serenatas, comida y baile en honor de los santos apóstoles que descansan en las sedes correspondientes de cada gobierno. El día final, se reúnen los cuatro presidentes y entre banderas y un curioso ritual, se rocían perfume entre sí para realizar el cambio de mando. Son los nuevos presidentes que elegirán sus gabinetes y conformarán nuevos gobiernos para así continuar el ciclo. Trabajarán duro para provocar la buena pesca, hasta el día de la fiesta del próximo año. Un día especial en que los pescadores aran sus pedidos en el mar y convierten su costa en la calle de honor de San Pedro y San Pablo.

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