Añangu: A las puertas del Paraíso

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Imagenes: Juan Pablo Verdesoto

Quienes han tenido la suerte de visitar el Oriente ecuatoriano con cierta regularidad, seguramente se sienten sobrecogidos por la velocidad del cambio. No del cambio que viene ligado a la evolución y a los ciclos de vida, sino el cambio provocado por el llamado progreso.

Con tan solo una mañana de esperar en el pueblo fronterizo de Coca a que llegue la lancha que nos conducirá hacia la llamada ‘selva amazónica’, la imagen que estas dos palabras conllevan en el imaginario de un amante de la naturaleza – aquella de exuberancia, diversidad, equilibrio, sustento – es destrozada por la bulla de enormes alto parlantes que retumban ritmos robóticos desde baldosas, eternit y cemento de un edificio no terminado.

Sobre el majestuoso río Napo se levanta un ducto de riego que irrumpe en el verdor que lo circunda. Cuando finalmente llega la embarcación para recorrer más de dos horas río abajo hacia el Yasuní, el panorama no mejora: nos topamos con lanchas violentas en apariencia y velocidad; fumarolas con llamas negras que nunca paran de flamear, producto de la explotación petrolera; gigantes gabarras cargadas de tanqueros, trailers, volquetas, excavadoras, y otros monstruos extractivistas que buscan clavar sus garras en el corazón de la selva…

Llegando a destino y para nuestra sorpresa, nos bajamos de las lanchas a motor y nos embarcamos en pequeñas canoas. Para entrar a Napo Wildlife Center se navega a remo “para no asustar a los animales”. Me sorprendo antes estas palabras tan sencillas y conscientes de nuestro guía Jorge Rivadeneira. Todo dice que las frustraciones quedarán atrás y los llamados de la selva empiezan a envolvernos, como hadas invisibles revoloteando por doquier, convidándonos a conocerla en su más íntima expresión.

Es una pequeña grieta de los enmarañados límites del Parque Nacional Yasuní por la cual podremos cruzar al otro lado, hacia un País de las Maravillas literal, en ligeras canoas que hoy son de fibra de vidrio (y sustituyen ecológicamente a las tradicionales hechas de un solo tronco), remando en silencio a lo largo de una corriente cuyas aguas nos recuerdan a un té hindú de Oolong, cristalinas y oscuras, serpenteando a través del bosque.

Esta es la savia que alimenta nuestro destino final: la Laguna de Añangu.

Innumerables árboles bloquean la luz de esta cueva secreta de biodiversidad. Nuestro movimiento nos lleva cerca de un par de Guacamayos Azul-y-amarillo que dejan caer una fruta sobre la orilla fangosa, el impacto en el suelo indistinguible dentro de la red de sonidos que nos envuelve, una sinfonía continua que inunda cada sentido. Tiendo a pensar en todo esto como un campo magnético donde la naturaleza se multiplica al infinito.

Una familia de monos se percata de nuestro avance; saltan curiosamente de rama en rama en lo alto de los árboles, unos treinta metros encima de nosotros. Siguen un poco, a trasluz, bajo la sombra de lo que los científicos llaman la más variada colección de hojas que existen en un solo lugar. Una polilla Urania brilla sus alas verdes refulgentes como luz estroboscópica. Y, repentinamente, nos damos cuenta de los abejorreos de una libélula y el remo que se desliza suavemente a través del agua (impresiona el talento de estos remeros en el arte del silencio). Nuestros sentidos se agudizan. Dos horas de esto es un acto de meditación. Es un rito de paso, una comunión con la madre naturaleza. Nadie vuelve igual.

Al abrirse la Laguna de Añangu ante nosotros, como un foso gigantesco que protege su reino oculto, vemos los bosques del Yasuní elevarse por encima de sus altas cabañas de techo de paja, que por cierto nos recuerdan a una civilización perdida en la selva, reflejados sus contornos en el agua.

Hay varias razones por las que Napo Wildlife Center es uno de los mejores lugares del mundo para descubrir las maravillas del bosque húmedo tropical. Se encuentra en la orilla sur del río Napo, en el verdadero Yasuní, que, como hemos mencionado, cuenta con récords mundiales de especies de aves, reptiles, anfibios, árboles y demás. Hay poquísimas maneras de visitar la Amazonía ecuatoriana a través de una operación turística de alta categoría, y esta es la única en la orilla sur, donde surgen los bosques de Yasuní. Los visitantes pueden quedarse en este lugar mágico, único en el mundo, explorarlo a su ritmo, durante días, y con todas las comodidades de lujo inteligente y ecológico que se pudiera desear.

Otra ventaja de Napo Wildlife Center es la prohibición de la cacería por parte de la comunidad. Esto ha hecho del lugar nada menos que un paraíso de vida silvestre, permitiendo que los animales dejen sus miedos y surjan de la selva profunda; pocos lugares en la Amazonia ofrecen tantas posibilidades de avistamiento de todo, desde un número récord de especies de monos, hasta la magnífica nutria gigante. Pocos son tan excepcionales para la observación de aves, ya que éstas no son tan propensas a espantarse; leks de saltarines y cotingas raros; la espectacular águila Arpía; aves vadeadoras como la gallarda Garza Agami, la Garza Tigre, o la escondidiza Garza Zigzag; y, como si fuera poco, ha habido incluso avistamientos de jaguares (y vídeos en YouTube que lo prueban).

Tres noches y cuatro días son suficientes para enamorarse del Yasuní y de este proyecto.

Así debería ser en todo lado. En silencio y a remo, las sombras de la selva danzan, ajenas a nuestra presencia; las criaturas cantan incansables a nuestros pies y nos sentimos en un concierto donde somos espectadores invisibles, pues los cantos no son para nosotros: componen el ritmo de la gloriosa Amazonía. Esperemos que podamos ser lo suficientemente sabios como para emular el ejemplo, en pos de proteger nuestra naturaleza para siempre.

Sitios destacados Napo Wildlife Center

Los senderos son fabulosos. Algunos más difíciles que otros, pero excelentes para descubrir la Amazonía en todo su esplendor (uno de ellos continúa durante horas hasta el río Tiputini).


Torres de dosel – (¡hay cuatro!): El mundo mágico de las copas de los árboles es único. Explora su belleza a 50 metros del suelo sobre ceibos emergente o estructuras de metal! Una experiencia inolvidable.


Lamederos – El fenómeno de la sedimentación mineral crea un frenesí alimentario para loros, que puede reunir a miles de individuos; un espectáculo único, con la ocurrencia de que aparezca por ahí un tapir, un saíno, o un ocelote.


Remar en los arroyos – Es un lujo, atravesando en silencio zonas sombreadas de árboles, al encuentro de guacamayos, monos y nutrias gigantes.

Para más información, ver: www.napowildlifecenter.com 

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