Alrededor del mundo con las ballenas

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Fotografía: Alejandro Balaguer (Fundación Albatros Media)

Con sus enormes ‘alas’, la ballena jorobada hembra surca el océano inmenso, desde las frías aguas de la Antártida, donde pasa la mayoría del año alimentándose de kril, para trasladarse miles de kilómetros (alrededor de 8 mil) hasta las aguas mixtas de Humboldt y Panamá que bañan el Parque Nacional Machalilla. Tras ella va una decena de machos en agresiva carrera transpacífica, una lucha de titanes cuyo ganador merecerá enamorar a quien lo espera pacientemente en nuestras costas.

Agua Fuente de Ballenas

No sabemos desde cuándo Machalilla es el lugar escogido por la ballena jorobada para procrear, dar a luz y amamantar nueva vida. De hecho, el descubrimiento de estas ballenas en mares continentales es reciente, y su investigación aún más, revelando al mundo que, entre otros puntos de la costa, nuestro propio Parque Nacional Machalilla es vientre y agua fuente de su especie.

Durante diez años la Fundación Albatros Media siguió el recorrido de las ballenas jorobadas a través del Pacífico.

Las ballenas jorobadas (Megaptera novaenglieae) son ballenas de barbas que pueden superar los 15 metros de tamaño. Lo que las distingue del resto de ballenas barbadas es su aleta dorsal como una joroba, su cabeza y boca llenas de tubérculos, como granos de adolescente, y sus aletas pectorales inusualmente grandes. Es la razón por la que el género del nombre científico significa ‘alas gigantes’; y, además, con su magnífica cola moteada de blanco y negro, ofrecen uno de los espectáculos más inspiradores del mundo natural.

Todos los años, entre junio y septiembre – a veces antes, a veces después – llegan estas criaturas a salpicar nuestros mares con sus saltos, coletazos, aletazos y canciones, un enorme acto de amor entre machos que han hecho los más grandes esfuerzos por impresionar a sus hembras, viajando desde el fin del planeta para disfrutar de nuestro pedacito de mar.

Ir al emocionante encuentro de estos cetáceos es una visita obligada para todo mortal

Desde zarpar del pueblito pesquero de Puerto López y viajar entre olas negras y azul oscuro, aumentando los niveles de anticipada alegría, hasta el momento en que el guía grita ¡“está blanqueando, ahí está blanqueando”!, y ver a aquel gigantesco ángel negro de alas blancas emerger del agua, la visión y la experiencia jamás desaparecerán de la memoria de quien las viva.

El voluminoso cuerpo se paraliza sobre el horizonte, con toda su enormidad cayendo cual edificio, creando montañas azuladas de espuma blanca y salpicando litros de agua a su alrededor. Es un regalo de la naturaleza merecedor no solo de pasmo y admiración, sino respeto y gratitud por las innombrables sensaciones que provoca.

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