James Brown Pharma, al cuidado de la fauna de Santo Domingo

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Regresemos en el tiempo, 60 años. Este viaje nos lleva a otro Ecuador, cuando la conservación no era un tema, cuando las selvas eran interminables a ambos lados del callejón interandino. Su protagonista, un joven nacido en el estado de Mississippi, recién llegado con apenas diecisiete años que no conocía el español y jamás había visto tanta naturaleza junta.

Se llamaba James Brown y no tenía nada que perder. Era uno de poquísimos aventureros que apostó por la agricultura en un territorio infranqueable. Las modestas fincas bananeras de estos adelantados eran pequeñísimos puntos de una inmensa alfombra verde. A nadie se le hubiera ocurrido que en treinta años, de ese humilde comienzo, la mayoría de esta frondosa naturaleza habría desaparecido.

En aquellas épocas, imaginar un proyecto agrícola viable era tan difícil como lo es ahora pensar en restaurar los bosques de Santo Domingo y devolverles su gloria del pasado. A sus noventa años de edad, sin embargo, James sabe que un sueño empieza con que uno lo sueñe.

Rescatando fauna

La historia de vida de James Brown es una de fracasos, de mucha persistencia y de grandes éxitos, los cuales lo llevarían a crear James Brown Pharma, una de las compañías farmacéuticas más importantes del país. Pero jamás dejó su finca del kilómetro 39 de la vía a Quinindé. Poco a poco empezó un proyecto de reforestación de flora nativa, hoy un oasis en medio de plantaciones sin fin. Su amor por los frondosos árboles, las estoicas palmas, los pájaros, perezosos, boas, y jaguares (¡James es uno de los pocos humanos que ha visto un jaguar!) con los que convivió durante sus quince años de vida agrícola en este lugar en los años cincuenta, lo llevaron a hacer algo más para su selva querida.

“Yo nunca compré mucha tierra,” cuenta Jimmy, como suelen llamarlo sus allegados, “tenía tan solo mis proyectos. Intenté cacao, intenté caucho, tenía mis bananas y era suficiente para subsistir. Pero por alguna razón, nunca me metí en aceite de palma. Los que se metieron se volvieron ricos, pero a cambio lo tumbaron todo. Y es una pena. Porque esta selva era tan hermosa…”

A través del directorio y gerente de James Brown Pharma, su hijo Felipe Brown, se financió su proyecto de rehabilitación y reinserción de fauna silvestre, parte misma de este bosque nativo que James ha logrado levantar con sus propias manos. A él, llegan animales capturados o heridos los cuales son recibidos y que empiezan un proceso de reinserción en los bosques aledaños. Ocelotes, perezosos, lechuzas, águilas, tortugas… todos tendrán una segunda oportunidad en el centro.

James Brown Pharma inició su historia como una compañía de productos veterinarios y hoy, unos cuarenta años después, el cuidado de los animales toma un nuevo giro: mirar hacia la poca selva que queda y velar por su conservación. “Un granito de arena,” dice Jimmy, con su acento de un norteamericano que ha vivido casi toda su vida en estas partes.

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