A vista de pájaro: Nidos de Aves

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Textos por: Ilan Greenfield

Fotos: Dušan Brinkhuizen & Murray Cooper

Las aves poseen al menos un atributo humano. Hacen casas. Nidos. Quizás no con las manos, pues no tienen manos. Pero con el pico y las patitas. Los arman de la nada a uso de lo que tienen a su alrededor. Los hacen, en gran medida, como si fuesen las mejores tejedoras y sus diseños han inspirado, sin duda, al mejor arquitecto.

La variedad de los nidos de las aves es, como todo en las aves, extrema y fascinante. Desde dejar un huevo casi sino del todo desprotegido en el filo de un risco como el Condor Andino a tejer un diminuto bolsillo de filigrana hecho de musgos como los colibríes, los nidos reflejan cuán especiales y talentosas son las aves.

– Topacio Fuego hembra y bebé en el nido –

Entre los nidos más espectaculares, debemos mencionar el del hornero, que como sugiere su nombre, se asemeja a un gran horno de tierra. O el de las oropéndolas y los caciques, que hacen nidos fascinantes que parecen enormes bolsos tejidos, como una especie de shigra que en épocas de anidación de estas especies, cuelgan de árboles altísimos y ofrecen una visión muy especial.

Otros nidos se hacen en el suelo, como los de varias aves marinas (en Galápagos podemos encontrarnos con piqueros y albatros que reúnen vegetación de los alrededores y sin mayor protocolo ponen sus huevos. Otros hacen huecos en los árboles como carpinteros, tucanes y loros.

Birds weren’t just the first creatures to sing pretty… They were the first carpenters and

artisans, too

Para las aves, el proyecto de hacer un nido —y en el caso de las aves menos industriosas, escoger el lugar donde pondrán el huevo— es el momento central del proceso reproductivo de todas las especies. La elección del lugar de nidificación puede ser, según la especie, asunto de los machos. Puede también ser asunto de las hembras e incluso puede ser un trabajo compartido. Claro, toda ave sabe que el nido es parte intrínseca de su vida. Nace para hacer nidos como nace para poner huevos y continuar la propagación de su especie. Pero si bien está en su ADN el hacerlos, también tiene que ensayar para hacerlos bien. Las aves mejoran sus nidos con el tiempo. Cuando lo hacen por primera vez, el proceso es lento y trabajoso, y a medida que los van armando con los años, es la experiencia la que va marcando la diferencia.

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